Edgar Degas

1834 – 1853

Entre los componentes del impresionismo, Edgar Degas, impone a través de su pintura la concepción más revolucionaria de la estética realista. Descendiente de una noble familia de origen bretón, fundada por su abuelo René Hilaire de Gas, comerciante en granos establecido en Nápoles y posteriormente banquero, nace Edgar Degas el 19 de julio de 1834 en el número 8 de la rue de Saint-Georges de París.

Su padre, uno de los diez hijos del patriarca napolitano, se instala en dicha ciudad y contrae matrimonio con la joven de origen criollo Celestine Musson, cuya familia se dedica al comercio del algodón. Del matrimonio nacen cinco hijos pero la madre muere en 1847.

Edgar realiza sus estudios en el Instituto Louis Le Grand y a los dieciocho años ha terminado el bachillerato y un año de derecho. Por pertenecer a una familia acomodada puede libremente entregarse a su pasión, la pintura, actividad que cuenta con el apoyo de su padre, hombre sumamente culto cuya sensibilidad e intuición Ie sirven de gran ayuda en los primeros pasos de su carrera.

Para Edgar, los años de su adolescencia y juventud resultan muy dichosos. En 1853 ingresa en el taller de un pintor mediocre, Barrias, donde ejecuta su primera obra: el retrato de su abuelo Germain Musson. También visita a coleccionistas como Lacaze o Marcille y frecuenta el trato de los Valpinçon, donde descubre a Ingres. Al instalarse la familia en rue Mondovi el pintor dispone ya de estudio propio.

1854 – 1857

En 1854 ingresa Degas en el taller de Louis Lamothe, seguidor de Ingres, a la vez que realiza copias en el Cabinet des Estampes, que dirige un amigo de la familia, Achille Devéria. Del mismo año data el primer autorretrato. Sin embargo, su espíritu inquieto le impulsa a viajar a Italia, primero a Nápoles y después a Florencia, donde vive su tío el barón Bellelli, cuyo hogar es un museo de copias y originales de Rafael Mantegna, Pollaiuollo, Ghirlandaio y Botticelli.

Es allí donde descubre, además de los maestros del pasado, el espectáculo callejero lleno de agitación y de vida, donde la trepidante actividad transforma los colores y las sombras. El joven pintor trata de captar con los pinceles ese movimiento fugaz que se le escapa y comienza así una larga batalla que durará toda su vida. A su regreso ingresa en la Escuela de Bellas Artes, pero la enseñanza académica le cansa enseguida y retorna a Italia para entregarse a su propia formación clásica y autodidacta.

Permanece en Roma hasta julio del 56, momento en que una epidemia de malaria le obliga a trasladarse a Nápoles. Pinta los retratos de sus primas Bellelli, aunque en realidad se trata de un estudio para su posterior lienzo La familia Bellelli que marca su trayectoria como pintor de figuras. Vuelve a París en 1857, pero de nuevo retorna a Roma, donde permanece pensionado en la Villa Médicis.

1858 – 1864

De regreso a Italia, Degas se instala en la rue Madame, situada a la orilla izquierda del Sena, aunque esta casa le recuerda constantemente la muerte de su madre. Su amigo, el grabador Bracquemond, le descubre la pintura de Hokusai. Del arte japonés Degas extrae la composición descentrada, sistema que caracterizará a toda su obra a partir de este momento.

En primavera se encuentra otra vez en Roma y su estancia coincide con la muerte de su abuelo. Edgar tiene que trasladarse a Florencia para ocuparse de sus primas y aprovecha la oportunidad para continuar los bocetos de lienzo La familla Bellelli, que concluye en 1862. La correspondencia con su padre es muy abundante y está llena de consejos de gran importancia para el futuro del pintor.

En abril de 1859 regresa a París y ya se orienta de un modo claro hacia la «pintura de historia». Como consecuencia de sus inquietudes en esta línea pinta Semiramis construyendo una ciudad. La familia Valpinçon invita a Degas a pasar algunas semanas en Menil-Hubert, en el Orne, impresionante finca rodeada de praderas en las que crían caballos. Asombrado, Degas comienza el estudio de la vida y costumbres de estos animales, que le subyugarán toda la vida, hasta el punto de introducirse en el mundo de los caballos de carreras para poder plasmarlo en multitud de ocasiones en los lienzos.

En este momento entabla conocimiento en el Louvre con Edouard Manet, procedente también de una familia acomodada, quien le introduce en su círculo de amistades.

1865 – 1873

En 1866 Edgar Degas descubre el mundo de la escena. Su retrato Mademoiselle Fiocre en el ballet La Source, expuesto en el Salón de 1868, marca una fecha y un comienzo. Durante los dos años siguientes se interesa vivamente por la música, ejecutando el retrato de Altés y el de Pagans y agrupando a sus amigos en el lienzo Orquesta de la Opera. En esta obra pone de relieve la cualidad decorativa de los instrumentos, que tanto asombra a Toulouse Lautrec.

Durante la guerra franco-prusiana, que tiene lugar en 1870, se alista en la Guardia Nacional y descubre que el capitán es su antiguo compañero de estudios Henri Rouart. Ya en este momento aparecen los primeros síntomas de trastornos en la vista, por culpa de una conjuntivitis ocasionada por el intenso frío.

Una vez terminada la guerra comienza a frecuentar el ballet de la Opera en rue Peletier, iniciándose el primer período de las series de las bailarinas, que abarca según los críticos, de 1872 a 1878, caracterizado por su interés en las escenas de conjunto. Los otros dos tienen lugar en 1879, momento en que se inclina por el estudio al pastel, y en 1885, donde ya se observa la utilización de la tinta plana.

En octubre de 1872, Degas zarpa con su hermano René rumbo a Nueva Orleans, a casa de sus hermanos, comerciantes de algodón, de donde regresa al año siguiente para establecerse en Montmartre. Como consecuencia de este viaje pinta un cuadro de gran interés, La oficina de los Musson en Nueva Orleans, en el que incluye los retratos de su tío y de sus hermanos y que constituye una verdadera obra maestra.

1874 – 1877

Las veladas de café que desde hace años tienen lugar en el Guerbois, con Manet como protagonista, se trasladan tras la guerra a la Nouvelle Athènes de la plaza Pigalle, donde se dan cita los impresionistas. Sin embargo, el padre de Degas se encuentra enfermo de muerte en Turín y el pintor acude a su lado. Su fallecimiento dejando una situación económica sumamente crítica, produce una catástrofe familiar. Degas, cuyo amor al arte le había impulsado a reunir una buena colección de cuadros, se ve obligado a desprenderse de ellos entregándoselos a Durand-Ruel para saldar deudas.

Debido a que el Salón Oficial se vuelve cada vez más exigente y descarta a todo artista que no se someta a su manera de concebir la pintura, Degas y sus amigos inician las gestiones para la preparación de la primera exposición impresionista. Así, el 15 de abril de 1874, en el antiguo taller de Nadar la exposición abre sus puertas. Aquí se incluyen diez obras de Degas, entre ellas El examen de danza, Las clases de danza, Las carreras en provincia, La planchadora y Salida en falso, y resulta el menos maltratado por la crítica.

Apenas clausurada la exposición, Degas reanuda el trabajo sin desanimarse para preparar la de 1876. El año 1877 resulta un momento clave en la obra de Degas, que concluye una serie de lienzos en los que se interesa por la temática social como El ajenjo, Café Boulevard Montmartre y Planchadoras influidos por las tendencias del «naturalismo» de Zola en sus charlas del café Guerbois.

1878 – 1880

El pintor llega a su madurez de hombre y artista, y su carácter se vuelve más reservado, excepto para una minoría de amigos. A partir de 1878 ejecuta obras maestras utilizando un nuevo medio: el pastel. Los cinco años que transcurren entre 1878 y 1883 están considerados como la época de mayor creación, siempre dentro de la misma temática.

En este sentido escribe Gaya Nuño que el pintor puede explotar el tema del ballet sin llegar a la fatiga «en virtud de la maravillosa fluidez y elegancia de la realización que acude a los medios técnicos más idóneos para asegurar la sutileza de la dicción. Así, las más de estas seductoras versiones no son óleos, procedimiento que quizá se le antojara grosero y ordinario, sino guachas, temples y acuarelas terminadas al pastel, lo que irisa maravillosamente cada composición».

El 10 de abril de 1879 tiene lugar la cuarta exposición impresionista y Degas envía veinticinco obras, entre las que figuran cuatro abanicos. La ausencia de Cézanne anuncia ya la dispersión del movimiento. Al año siguiente, y después de un viaje por España, se dedica al grabado con Mary Cassat y Pissarro y participa con once obras en la quinta exposición impresionista, que por iniciativa suya se agrupa bajeo el nombre de Pintores independientes.

Entre los lienzos figura el bello retrato de Duranty, su amigo escritor que fue un verdadero defensor del realismo, y cuya muerte, ocurrida en estos días, aflige profundamente al pintor.

1881 – 1884

En la sexta exposición de los Impresionistas, denominada ya de los Indépendants, Degas participa con una estatuilla que iba a causar verdadero asombro. Se trata de la Bailarina de 14 años, figura de bronce, vestida con un tutú de muselina y una cinta azul satén recogiendo sus cabellos.

Refiriéndose a esta obra, Gaya Nuño comenta que «ya se adivina que el autor no es un escultor profesional y sí un escultor intuitivo actuando con una gracia y un movimiento más bien ajenos a lo preceptivo en el arte del volumen. Junto a esta bellísima obra maestra, quedan en el haber escultórico de Degas otras muchas… tanto más frecuentes a medida que el soberano pintor iba experimentando la reducción de sus facultades visuales, en tanto mantenía incólumes las táctiles».

La curiosidad de Degas por los procedimientos técnicos es inmensa, y por este motivo visita los talleres de los estampadores, diseñadores y cromistas, en busca de materiales y formas nuevas. Sin embargo, no participa en la séptima exposición del grupo y tiende a llevar una vida solitaria. Su ambiente se reduce a un grupo íntimo de amigos.

1885 – 1890

En 1885 Degas viaja a Le Havre y Dieppe, para encontrarse después con Gauguin. Por asuntos familiares se traslada en enero de 1886 a Nápoles regresando al cabo de un mes a París. Aborda entonces una obra extraordinaria, que forma parte de una serie de desnudos femeninos y que presenta en la octava y última exposición impresionista de la rue Lafitte, El tub.

El grupo de artistas que ahora participa ha cambiado y se presenta al lado de Pissarro, Odilon Redon, Schuffenecker, Seurat y Signac. Degas presenta una visión totalmente nueva del desnudo, que aparece así en su cotidiana intimidad y que no constituye la expresión ideal de la belleza-corporal, sino una versión desmitificada del cuerpo humano. En este sentido comenta el propio Degas: « Mis mujeres son personas sencillas, honestas, que se limitan a cuidar su físico… es como si las mirase por el ojo de la cerradura».

Sin embargo, la visión de Degas se debilita y le cuesta trabajo pintar. Después de una cura en Canterets, Degas pide al pintor Boldoni, retratista mundano, que le acompañe a España. En Madrid echa de menos a su amigo, el escultor Bartholomé, y le escribe para que se anime a reunirse con ellos explicándole que la comida es excelente y que «nada, nada en absoluto puede darle una idea de Velázquez». Pero su amigo no acude.

A su regreso, y tras padecer una bronquitis realiza un viaje por la Borgoña, lugar que ejerce una evidente seducción sobre el pintor, como se advierte a través de las cartas dirigidas a los Halévy. Los pocos paisajes que se encuentran en su obra están inspirados en este viaje.

1891 – 1898

EI pintor se siente envejecer Necesitado de afecto, se aproxima a su viejo camarada Valernes, que vive en Carpentras en una situación muy difícil, abrumado por la miseria. Durante seis años, ya que Valernes muere en 1896, Degas le escribe o acude a visitarle a pesar de que la enfermedad de sus ojos dificulta los desplazamientos. Su muerte le afecta dolorosamente, tanto, que a partir de 1897 se sumerge todavía más en su silencioso mundo.

En 1893 tiene lugar su primera y única exposición individual en la galería Durand-Ruel, en la que presenta algunos monotipos de paisajes. Gracias a la situación desahogada en la que vive, Degas realiza lo que ha constituido su gran ilusión desde la juventud y que no pudo llevar a cabo debido a la muerte de su padre, como es el conseguir una colección privada de cuadros. En las paredes de su casa, sencillamente amueblada, se pueden contemplar magníficas obras. Tiene entre otros, lienzos de Ingres, Delacroix y dos Grecos.

Sin embargo, su carácter apasionado y vehemente se pone de relieve al estallar el caso Dreyfus. En este momento Degas adopta una posición contraria a la de la generalidad de los artistas, que se pronuncian a favor del capitán. Por esta causa sus amistades se restringen todavía más y se aleja de Monet, Pissarro y los Halévy, con los que pasaba temporadas en verano.

En los últimos años del siglo, casi ciego, se dedica especialmente a la escultura. «Con mi vista que se va, le comenta a Vollard, necesito adaptarme a un oficio de ciego.» Así elabora esas prodigiosas esculturas de caballos y de bailarinas en las que trata de captar el momento del salto o del arabesco en ese afán que le consume por llegar a crear y a retener el movimiento con sus propias manos.

1899 – 1917

El crítico Roger Marx prepara la exposición del Centenario, que se convierte en una rehabilitación del arte moderno y Degas envía dos pinturas y cinco dibujos, Su arte ya no es discutido.

Con gran dificultad inicia una serie de bailarinas de gran formato. El momento de la pérdida de la vista se aproxima a grandes pasos y hacia 1906 no distingue más que manchas y formas. Sin embargo, un especial pudor le impide confesarlo abiertamente a sus amigos. Con gran tenacidad persiste en su quehacer y en sus salidas y de este modo inicia la época de los grandes y solitarios paseos por París.

En 1907 accede a pasar una temporada en los Vosgos, para cuidarse los pulmones afectados por un doloroso enfisema. Sin embargo, la muerte en 1911 de Alexis Rouart y un año después de su último y gran amigo Henri Rouart, el único que ejerció alguna influencia sobre él, le produce tal dolor que le resulta difícil sobreponerse.

El año 1912 resulta asimismo funesto para el viejo pintor, ya que se ve obligado a abandonar su vivienda de la rue Victor Massé y a desmontar su colección y su estudio, tan celosamente conservado. Suzanne Valadon se encarga de encontrarle piso en el número seis del boulevard Clichy.

Sus obras empiezan a alcanzar en las subastas públicas elevados precios, pero esto ya no conmueve al pintor. El final se aproxima. Su deseo de soledad le lleva a vivir encerrado entre sus queridos lienzos y a conservar los secretos de su estudio. A pesar de ello, en la noche del 27 de septiembre de 1917 y en el momento en que le llega la muerte, Degas no se encuentra solo. A su lado su familia y los amigos le despiden en un último abrazo.