Édouard Manet

1832 – 1848

Manet nació en París, el 23 de enero de 1832, hijo de Augusto, jefe de personal del Ministerio de Justicia, y de Eugenia Desirée Fournier, hija de diplomático. Toda su vida fue un ser contradictorio, un «dandy» a la moda con corazón de artista genial y renovador. Recibió una educación tradicional y religiosa: en 1839 ingresó en el colegio del canónigo Poiloup, en Vaugirard, como mediopensionista; cuatro años después pasó en plan de interno al colegio Rollin.

En 1845, siguiendo el consejo de su tío Edmond-Eduardo Fournier, gran conocedor y amante del arte, Manet se inscribió en un curso especial de dibujo, donde encontró a Antonin Proust (futuro ministro de Bellas Artes) que sería su fiel amigo hasta la muerte. Juntos comenzaron a frecuentar los museos y a dibujar. En 1848 decidió probar suerte en la Marina como oficial, después de haber discutido con su padre que se negaba a considerar sus dotes artisticas. A finales del mismo año, Manet se embarcó hacia América en el carguero «Le Havre et Guadeloupe» como piloto ayudante, rumbo a los mares del sur.

1849 – 1856

De su largo viaje a América, Manet volvió con cuadernos llenos de bocetos y dibujos. Rechazado en el ingreso a la Academia Naval (más firme que nunca su vocación de pintor) consiguió vencer la intolerancia de su padre, que acabó por aceptar que Eduardo se dedicara a la pintura. En 1850 empezó a frecuentar el estudio de Thomas Couture, pintor de grandes cuadros históricos conmemorativos al cual Manet despreciaba por su falta de esencialidad y las poses declamatorias que imponía a sus modelos. Sin embargo, a pesar de sus constantes choques Manet aprendió durante sus seis años con Thomas Couture un oficio sólido, el dibujo y el importante dominio del color.

De 1853 a 1856 se dedicó a viajar por Italia, Holanda. Alemania y Austria, copiando a los grandes maestros antiguos (Tiziano Rembrandt, Velázquez) y también a los nuevos: Goya, Delacroix, Courbet y Daumier. Los museos fueron su verdadera escuela: en el Louvre copió los Pequeños caballeros, de Velázquez demostrando un gran interés por la pintura española y realizando el esfuerzo de intentar desvelar el orden arquitectónico de la pintura de Couture.

1857 – 1860

En 1856 Manet dejó por fin el estudio de Couture. En el Louvre encontró al pintor Fantin-Latour y copió Dante y Virgilio en el Infierno», de Delacroix a quien visitó en 1857 junto con Antonio Proust. En 1859 envió al famoso Salón de París su primer cuadro realista, «El bebedor de ajenjo», que fue rechazado. Manet, al contrario que Couture, buscaba sus modelos en el mundo de los pobres y de las compañías ambulantes de danzarines sustituyendo el énfasis por la sencillez y la justeza tonal. Muy impactado por el suicidio de su modelo Alexandre, pintó en esa época «El niño de las cerezas». Sobre este episodio, Baudelaire (que conoció por esas fechas a Manet) escribió el cruel cuento «La cuerda». Influido por sus recuerdos de Velázquez y por la moda impuesta por Eugenia de Montijo, la emperatriz, Manet atravesaba una época española que culminaria con un excelente cuadro: «Lola de Valencia».

1861 – 1862

A partir de 1861, Manet conoció los primeros éxitos. Por fin, el Salón le aceptó un cuadro (su «Guitarrista español»), obra de colores y de formas, muy significativo del paso de la pintura narrativa a otra más personal. El año anterior había pintado «Música en las Tullerías», fechado luego en 1862, donde acertó a reflejar un momento de la vida elegante parisina, en la que el pintor incluyó a sus amigos: Baudelaire, Astruc, Gautier, Scholl, Campfleury Más tarde Manet (muy sensible a la moda) confiaría al escritor Zola: «Encuentro una voluptuosidad secreta en el preciosismo perfumado y luminoso de las noches mundanas.»

En 1862 se cambió nuevamente de estudio y encontró a Victorina Meurent, que fue la modelo de algunas de sus obras más famosas, entre ellas la «Olimpia», En el mismo año pintó la célebre «Lola de Valencia» ,primera bailarina de un ballet español, la cual (según Baudelaire) parecía una joya «rosa y negra»: «Entre tantas bellezas que por todas partes se pueden ver, bien comprendo, amigos, cómo ondea el deseo. Pero en Lola de Valencia más aún se ve refulgir lo inesperado, el encanto de una joya rosa y negra.» Estos versos expresan la magia de las relaciones tonales y el magnífico color de este cuadro.

1863 – 1865

1863 fue importante para Manet: en primer lugar, se casó con la pianista holandesa Susana Leenhorf. El Año que había comenzado artísticamente con el escándalo provocado por su cuadro «Música en las Tullerías», expuesto con el «Cantante callejero», el «Ballet español», «Lola de Valencia» y la «Joven recostada vestida» en la Galería Martinet culminó en abril, cuando envió al Salón «Victorína Meurent en traje de espada», «Joven vestido de majo» y el famoso «Desayuno en la yerba», que no fueron en absoluto comprendidos y, al presentarse en mayo en el «salón de los rechazados», provocaron un gran escándalo, convirtiendo a Manet en abanderado del antiacademicismo.

Todo esto llegó al colmo con el famoso cuadro «Olimpia», expuesto en el Salón de 1865, aunque pintado dos años antes. En él Manet volvía al mismo esquema de la «Venus de Urbino», de Tiziano, pero de un modo vivo y real. «Hay que pertenecer a la propia época y hacer aquello que se ve». Nada de elocuencia, retórica, ni claroscuros. Y, sobre todo, nada mitológico ni histórico. Esta actitud topó con la hostilidad del público y de la crítica oficial que (ofuscada por la revolución estética de ambas obras) no supo ver en ellas sino indecencia o disparate. El Salón de 1864 y el de 1865 aceptaron no obstante cuadros de Manet, entre ellos «Olimpia».

1866 – 1870

El Jurado del Salón Oficial de 1866 rechazó también «EI pífano» y «EI actor trágico» de Manet. En 1867, éste, excluido también de la sección artistica de la Exposición Universal, organizó una muestra «personal» que sirvió de nueva afrenta para la muestra oficial. Por motivos de orden público el gobierno le prohibió exponer «La ejecución de Maximiliano». Este cuadro (que calca al «3 de mayo», de Goya, que Manet había visto en Madrid en 1865) no reflejaba el mismo terror y crudeza del que sirviera de modelo. No era una tragedia para Manet, sino una fría contemplación del tema y una elegancia virtuosa en el uso del color. La misma elegancia que aparece en «Comida en el estudio», de 1868, donde la naturaleza muerta tiene el mismo valor que los seres vivos, y en «El balcón», de 1868, donde la brevedad de la composición pone de relieve la profundidad de la mirada de Berta Morisot.

En 1868 expuso en el Salón el «Retrato de Zola» y «Mujer con papagayo», el 1869, «El almuerzo» y «El balcón». Ese mismo año visitó Londres. En 1870 se enfrentó en un duelo con Duranty, por divergencia de ideas sobre pintura, aunque la sangre no llegó al río. En el mes de septiembre (estallada la guerra franco-prusiana) se enroló como artillero en la Guardia Nacional.

1871 -1873

En febrero de 1871, como consecuencia de los graves acontecimientos políticos Manet abandonó París para reunirse con su familia que se había refugiado en Oloron-Sainte-Marie. Había figurado como firmante en el manifiesto del comité provisional de los artistas de la Comuna. Las luchas en la calle le inspíraron los grabados de la guerra civil.  Antes del fin de la Comuna, volvió a Paris. Durante el verano, víctima del agotamiento nervioso, descansó en Boulogne. El comerciante Durand-Ruel le compró cuadros por valor de casi 50.000 francos. Además en 1872 logró exponer en el Salón el cuadro «Combate del Kersage y el Alabama», un cuadro pintado tiempo atrás.

En agosto realizó un viaje a Holanda con su esposa. El Salón de 1873 aceptó su «El reposo» (1869) y el «Bon Bock», que obtuvieron un gran éxito. Entre julio y septiembre se encontraba en Berck, donde pintó numerosas marinas. En octubre, impresionado por el incendio de la Opera, hizo bocetos para el «Baile de máscaras en la Opera», tema ya desarrollado durante ese año. Después de los cuadros oscuros y violentos de 1870 -1871, Manet volvió en 1873 a los colores claros y las composiciones vastas.

1874 – 1876

A pesar de no haber participado en la exposición impresionista organizada por el fotógrafo Nadar en 1874, Manet mantuvo con los impresionistas muy buenas relaciones, hasta el punto de recorrer Argenteuil, junto con sus colegas Renoir y Monet, y de trabajar junto a ellos. Las pinceladas de Manet, cada vez iban siendo más vibrantes y enérgicas, consecuencia de su nueva pasión por la pintura al aire libre, y de sus estudios sobre las vibraciones luminosas y su reflejo sobre el agua. En septiembre de 1875 hizo un viaje a Venecia. Las dos telas que trajo de vuelta acusaban la influencia impresionista, al ser composiciones de pura luz y color. Al Salón de 1875 envió «Argenteuil», al de 1876, «El artista» y, «La colada», que fueron rechazados. Desilusionado por este rechazo, organizó una exposición en su estudio, sobre cuya puerta escribió: «Hacer lo verdadero y dejar decir».

1877 – 1879

En el Salón Oficial de 1877 Manet presentó su «Retrato de Juan Bautista Faure», como «Hamlet y Naná», que fue rechazado. Era su primera obra naturalista, casi anecdótica, como «La ciruela», pintada en el mismo año. En la primavera de 1879 propuso al prefecto del Sena y al presidente del Consejo Municipal decorar el Nuevo Municipio con «una serie de composiciones que representen el vientre de París», o sea, las zonas populares también descritas por Zola. Pero no le contestaron. Huymans publicó en «Voltaire” un artículo muy elogioso sobre tres cuadros expuestos en el Salón de 1879: «Julio Guillemet y su mujer en el invernadero» «Pareja en barca de vela» y «Argenteuil». A finales de este mismo año Manet comenzó a presentar síntomas de ataxia, la enfermedad que le llevaría a la muerte.

1880 – 1883

En 1880 Manet, cruelmente atormentado por su mal en las piernas, trabajaba en un nuevo retrato de Proust. El 10 de abril expuso en la «Vida Moderna», y pasó el verano en Bellevue para curar su enfermedad. Al Salón de 1881 envió el «Retrato de Rochefort», escritor evadido de Nueva Caledonia adonde había sido deportado después de la Comuna, y el «Retrato de Pertuiset». Sus fuerzas disminuían a causa de la enfermedad, y su pintura, cada vez más recurría a las acuarelas y los pasteles. En el otoño de 1881, después de una estancia en Versalles, pintó «El bar del Folies Bergere», que presentó junto a la «Primavera» en el Salón de 1882. Este cuadro, basado en la ambigüedad del reflejo sobre el espejo, constituye una ilusoria y magnífica fiesta de luces y apariencias.

El 30 de diciembre de 1881, Manet recibió la cruz de Caballero de la Legión de Honor de las manos de Antonin Proust. En la primavera de 1883 le amputaron la pierna derecha, atacada por la gangrena. Murió el 30 de abril. En su caballete de pintor se encontró inacabado, el retrato de una sirvienta de su amiga Mery Laurent.