Jackson Pollock

1912 – 1924

Jackson Pollock nace en Cody, estado de Wyoming, el 12 de junio de 1912. Es el más pequeño de cinco hermanos y los años de su juventud no resultan nada fáciles para la familia, ya que su padre, agricultor, se ve obligado a trasladarse continuamente de Arizona a California. Se trata de la época de la gran crisis económica, que azota sobre todo al sector agrícola. Estos distintos paisajes que Pollock contempla en su infancia le impresionan vivamente sobre todo por su inmensidad y sobrecogedora belleza. Por fin, su padre encuentra trabajo como agrimensor del gobierno, lo que les obliga a continuar con constantes traslados.

La figura de su madre resulta fundamental en la formación del joven Pollock, ya que se puede considerar como la típica representante del matriarcado, mezcla de riguroso puritanismo con el espíritu de iniciativa característico de los pioneros americanos. Su carácter ya se dibuja en estos primeros años de su vida. Se trata de un joven rebelde y solitario, acostumbrado a la vida dura, a la penuria económica y a la incomodidad. Desde pequeño contempla la miseria de muchos americanos e inmigrantes que no consiguen hacer frente a la gran crisis económica por la que atraviesa el país y parte del mundo occidental. Por otro lado, en su alma quedan grabados los soberbios paisajes americanos, las inmensas extensiones de terrenos fértiles y ricos, o bien los secos y desérticos parajes, por donde la familia de Pollock vaga errante durante años en busca de trabajo y de dinero.

1925 – 1928

A los trece años, Pollock se matricula en la Escuela Superior de Arte Manual de Los Angeles, donde pronto se manifiesta su carácter retraído. Siente profundamente la exigencia de «descubrirse a sí mismo, de hacer y construir algo distinto». Se interesa por la escultura, sobre todo por el universo de las formas, con el deseo imperante de establecer un contacto inmediato con la materia y se siente atraído por la filosofía. Su actitud ante el stablishment social es de total rechazo y en esta línea publica, junto con un compañero de curso, un periódico satírico que ridiculiza el mito de la sociedad americana.

Expulsado de la Escuela dos años antes de su traslado a Nueva York, trabaja en un estudio de relieves topográficos que le encarga la realización de una serie de estudios en el Gran Cañón. De nuevo experimenta las dimensiones casi ilimitadas del territorio americano, y su variedad geológica, interesándose por las estructuras de los metales y las propiedades morfológicas de las rocas. Pollock busca, ante todo, el contacto con la vida y estas experiencias vitales son ya reveladoras y permanecen latentes en toda su obra futura. Las primeras pinturas son figurativas pero pronto comienza a mostrar una preocupación por el realismo. Sin embargo, en su formación artística ocupa un papel destacado la impresión que le producen las pinturas de los indios americanos. Sus emblemas totémicos descubren nuevos horizontes artísticos en el mundo solitario del joven Pollock.

1929 – 1936

Pollock alterna la estancia en Nueva York, ciudad a la que llega en 1929, con numerosos traslados en auto-stop o tren por los territorios más alejados de E.E.U.U. En el plano humano, y sobre todo en su formación artística, resulta fundamental en estos años la figura de Thomas Hart Benton, exponente del regionalismo pictórico americano y maestro suyo en el Arts Students’ League. A través de Benton conoce a otros artistas, entre ellos al pintor romántico Ryder y a los muralistas mejicanos. Desde su juventud, Pollock siente gran admiración por el «muralismo», y por grandes maestros mejicanos como Orozco, Rivera y Siqueiros descubriendo la belleza de ese otro arte «distinto» tanto por sus sorprendentes dimensiones como por su temática y su técnica.

«De Benton y Ryder (escribe Sam Hunter, un crítico de a americano) extrae probablemente Pollock su sentido del estilo, intenso, condensado, como algo que se escapa y es preciso captar a base de una rapidísima intuición. Para él, el estilo no tiene mucho que ver con la cultura adquirida.» Alloway, otro crítico americano refiriéndose a una entrevista realizada a Pollock en 1944, afirma que la experiencia del romanticismo le fue muy útil para explorar la identidad propia del pueblo americano, sin caer en el estrecho chauvinismo de las corrientes regionalistas. Sin embargo, la obra de Pollock en estos años, permanece todavía en un momento de búsqueda y de intensa experimentación.

1936 – 1941

A partir de 1937, Pollock comienza a pintar de una manera violentamente expresionista, utilizando colores intensos por medio de largas pinceladas. Al mismo tiempo elabora composiciones de carácter abstracto en un equilibrio de curvas como se observa en Llama de 1937. En 1939 Pollock conoce a Lee Krasner, con la que se casa un año después. Se trata de una pintora que comprende bien su obra y sus posibilidades y constituye para él, hasta el momento de la muerte, su apoyo más firme y un constante estímulo Por mediación de Holger Cahill, entra a formar parte del Federal Art Projects, organismo estatal creado en los años de la depresión económica, para sostener y fomentar la producción artística. Para Pollock no pasa de ser una breve experiencia, ya que su interés por el arte mural le exige la utilización de amplios espacios que no encuentra en la pintura oficial de la administración.

En esta época se manifiestan sus fuentes de inspiración, ya que le atrae de modo notable el Guernica de Picasso. También influyen notoriamente en su pintura la meditación sobre el arte ritualista mejicano, es decir, pintura a base de arena roja, con trazos lineales, inspirados en los símbolos totémicos, en emblemas y decoraciones evocadoras de la fuerza natural, y su propia concepción del trabajo basada en el enfrentamiento existencial con lo contingente y lo efímero. Además de las obras de Picasso, Pollock siente la fuerte atracción que le producen las pinturas de Joan Miró y la fase rebelde del movimiento surrealista.

1942 – 1945

La llegada de los artistas surrealistas europeos a América resulta decisiva en la obra de Pollock, que se pone en contacto con Matta, Peggy Guggenheim, Max Ernst y André Masson, atraídos, como él mismo lo estaba, por la pintura de los navajos. En 1942, algunos cuadros de Pollock se incluyen en una exposición colectiva. En 1943 Pollock viaja a Méjico donde permanece diez meses y tiene la ocasión de colaborar con Orozco. Por otra parte, ese mismo año Peggy Guggenheim presenta la primera exposición personal del artista en su galería neoyorkina Art of this Century. Sin embargo, la relación entre su pintura y el arte surrealista no se limita al automatismo gráfico, sino a una exigencia autónoma y original.

El crítico Clement Greenberg, hablando sobre la obra del joven pintor, subraya la absoluta individualidad del espacio pictórico de Pollock, donde se interrelacionan la imaginación y la técnica, hasta constituir una compleja unidad entre el artista, la pintura y el espacio. Espejo mágico, Hombre y mujer, Gótico, Ceremonia nocturna, Totem I y Guardián del secreto, constituyen las principales obras de esta época. Otro crítico, Sam Hunter, comenta acerca de cuadros como Totem l, Pasifae y The she-wolf, que Jackson Pollock utiliza métodos surrealistas, pero siempre de un modo extraordinariamente personal. 

1946 – 1947

Jackson Pollock se establece junto a su esposa en Long Island, donde permanece hasta la muerte, volviendo a Nueva York sólo por imperativos del trabajo. Este mismo año tiene preparado el repertorio figurativo de su producción, y además de los emblemas y símbolos totémicos del arte mejicano se interesa por los mitos clásicos, ya abordados en dos cuadros pintados en 1943. Se trata de Pasifae y Guardianes del secreto, inspirados ambos en el nacimiento del Minotauro procedente de la unión entre Pasifae y el toro blanco de Minos. La trascendencia de la mitología sobre los fundamentos de la existencia, se manifiesta en la observación detallada de la evolución pictórica de Pollock hacia la abstracción entendida como punto de llegada de sus ansias metafísicas de absoluto.

Gradualmente, sus imágenes pierden toda referencia con el mundo real y visible y se reducen a signos gráficos y números. Es como si el artista quisiera transferir a la pintura los símbolos de las regiones más profundas del inconsciente, tanto a nivel individual como colectivo. En obras como La mujer lunar rompe el cerco y en Sonidos nocturnos, la forma de la luna se acerca a la consideración de este astro como arquetipo de «lo femenino>». Los estudiosos de Pollock coinciden en afirmar que, del mismo modo que otros artistas americanos contemporáneos, no podría haber realizado nunca un arte elaborado o fantástico. Su exasperación continua y sus crisis permanentes le conducen a la búsqueda de una pintura impulsada por sensaciones concretas e inmediatas que trata de plasmar con ansiedad en sus cuadros.

1947 – 1948

En estas fechas se produce la definitiva conversión de Pollock al abstractismo como resulta patente en sus cuadros Catedral y Full Fathom Five, pintados en la soledad de Long Island, lejos de la presión agobiante de la vida neoyorkina. Estas dos obras marcan el inicio de su nueva técnica, el dripping, que consiste en aplicar el color directamente sobre la tela con la pintura de un bote perforado.

«Mi pintura (afirma Pollock) no nace sobre el caballete. Rara vez antes de comenzar a pintar, extiendo la tela. Prefiero fijarla sin armazón sobre la pared o colocarla sobre la tierra. Tengo necesidad de una superficie dura y sobre el pavimento me siento más a gusto, más cercano, formando parte del cuadro, porque puedo andar alrededor, trabajar en el cuadro, estar, literalmente, dentro del cuadro. Cada vez más abandono los utensilios clásicos de los pintores; prefiero la espátula, los cuchillos, los colores fluidos y que gotean, o bien, una pasta compuesta con arena, vidrio triturado y otros materiales inusitados.» «Mi pintura (continúa Jackson Pollock) es directa. El modo de pintar es la manifestación natural de una necesidad. Yo quiero exprimir mis sentimientos, más que ilustrarlos.» La clave de la originalidad del artista se encuentra en sus «sensaciones pictóricas concretas», que resultan comunes a toda obra plástica, pero que Pollock consigue aislar y liberarlas de esos recuerdos visuales que inevitablemente se insertan en cualquier modo de expresión.

1948 – 1949

Action painting es el nombre que utiliza el crítico Harold Rosenberg refiriéndose al modo de pintar de Pollock, identificando su esencia como pintor, con el mismo acto de pintar. El artista actúa dentro del cuadro, forma una unidad con él mientras pinta, llegando de este modo a una íntima fusión entre su mundo interior y su propia obra.

1950 – 1953

La producción de estos años, definida como el «período negro» de Pollock, se caracteriza por el uso casi exclusivo de este color escurrido en gotas o extendido con pincel sobre la tela blanca. Muy significativa resulta la obra Número 32, de 1950, ya que el ritmo exasperante de las líneas alcanza en el cruce de las diagonales y vértices, en las zonas del claro-oscuro y del blanco-negro, el ritmo febril del jazz. Con esta obra parece concluir el interés de Pollock por las imágenes convulsas, a pesar de dos pinturas de 1953, Esfuerzo dormido y Cuatro contrarios, en las que el artista propone de nuevo las fantasmagorías visionarias que invaden su obra de 1950.

La inquietud existencial que palpita en los últimos años de su vida se vuelve más profunda al encontrarse con la incomprensión y el escarnio de muchos críticos ante su obra. En 1950 el Museo de Arte Moderno organiza una exposición en la Bienal de Venecia, donde Pollock participa junto a De Kooning y Gorky, y que encuentra una gran acogida por parte del público y de la prensa. Es difícil encontrar en Pollock una unidad de intenciones. Durante los veinte años que se dedica a la pintura, mantiene en todo momento una actitud experimental, aunque no pierde de vista nunca el expresionismo. Sin embargo, no llega a resolver el gran conflicto del arte moderno, es decir, la expresión directa del propio sentimiento personal y a mismo tiempo el deseo de crear una armonía pura.

1954 – 1956

Alrededor de ocho semanas permanece Pollock en Nueva York, alejado de Long Island. Su dependencia al alcohol se agrava y vive períodos de gran agitación. Pocos meses después, en 1956, muere víctima de un accidente de automovil. Su producción última revela un natural debilitamiento de las energías vitales, inmerso en el misticismo de la pintura. Pintar para él se convierte así en una especie de rito y en este momento trabaja exclusivamente con la brocha y con colores muy elaborados. Después de su muerte, Pollock se transforma en un personaje mítico, cuya influencia se extiende más allá de las fronteras de EEUU. El propio artista llega a afirmar en una ocasión: «La idea de una pintura americana aislada durante los años treinta me parece absurda, algo así como una física o unas matemáticas puramente americanas… Los problemas fundamentales de la pintura contemporánea son comunes a todos los países.»