Jan Van Eyck

1390 – 1424

No existen documentos dignos de crédito que indiquen la fecha y lugar de nacimiento de Jan Van Eyck. Muchos estudiosos tienden a indicar el año 1390 y la ciudad de Maaseik, en Limburgo. Tres factores permiten deducir que el artista nació en esta zona oriental de los Países Bajos: los testimonios de Lukas de Heere y Carel van Mander, el florecimiento artístico de la región en este período y el hecho de que Jan escribiera en dialecto bajo alemán las anotaciones al margen del dibujo previo al retrato del cardenal Albergati. Tampoco sobre sus comienzos existern datos precisos hasta 1422, año en el que ya figura al servicio de Juan de Baviera. Parece que antes de esta fecha, entre 1415 y 1417 realizó junto con su hermano Hubert algunas de las miniaturas del Libro de las Horas de Turin, destruido en un incendio en 1904.

Alrededor del año 1425 Jan pinta La Virgen en la Iglesia, reflejo de la cultura del gótico internacional. La intencionada desproporción existente entre la Virgen y la iglesia, que parece la catedral de San Bavón de Gante, demuestra la importancia simbólica de la imagen sacra. Sin embargo, y aunque los artistas flamencos dedican gran atención a los temas religiosos, los acercan de tal modo a la vida diaria que constituyen un verdadero canto poético a la belleza humilde y escondida que se descubre en la vida misma.

1425 – 1431

En 1425 Felipe III, duque de Borgoña, que había oído elogiar de un modo notable el talento artístico de Jan Var Eyck, le toma a su servicio como pintor de la corte con un salario fijo. Esta fecha coincidió probablemente con el fallecimiento de su antiguo señor. En 1426 muere su hermano Hubert, como atestigua un documento referente al impuesto sobre la herencia pagado por sus herederos. La fecha de Las llagas de San Francisco resulta incierta. Lo más probable es que se sitúe en 1428, año en que Jan realiza un viaje al sur de Europa por cuenta del duque. De hecho, el hábito marrón vestido por los frailes no es del tipo conocido por entonces en los Países Bajos. Tan sólo a finales del siglo XV empezará a aparecer este hábito típico de los franciscanos reformados. Es probable que Van Eyck pintara esta obra en la península lbérica, donde se encontraba en misión diplomática para pedir al rey de Portugal, Juan I, la mano de su hija Isabel para Felipe ll. De 1431 data el Retrato del Cardenal Albergati, pintado en Brujas, con motivo del paso del prelado enviado por el papa Martín V para negociar un tratado de paz general en el Norte. Según Weale, que identifico a personaje en comparación con un dibujo previo, «la tabla tiene menos naturalidad e individualismo especialmente en la boca y en la parte inferior del rostro. Parece que en ella el pintor se haya esforzado por embellecer los rasgos del cardenal, para que la cabeza apareciera menos ancha y pesada».

1431 – 1432

El Poliptico de Gante, terminado en 1432, es la única obra en que se encuentra confirmada la intervención de Hubert, el hermano mayor de Jan. La crítica no coincide sobre los trabajos atribuíbles a Hubert. Las dos antas externas están pintadas por las dos caras de modo que en el políptico cerrado se puede contemplar una escena dividida en tres partes: en lo alto, las Sibilas y los Profetas anunciadores de la llegada de Cristo; en el centro, la Anunciación; abajo, San Juan Bautista y San Juan Evangelista, el primero precursor de Cristo, el segundo autor del Apocalipsis, que cierra ideal mente el ciclo cristológico. El concepto de la salvación a través del Verbo divino se centra en la representación de la

Adoración del Cordero místico en el interior del políptico. Junto al tema teológico es de notar la inteligente composición que se concreta en el equilibrio entre espacio interno y externo, así como la altísima calidad pictórica, que logra romper la distancia entre el espectador y la obra. En esta bellísima escena se destaca la preocupación por llegar a plasmar la minuciosa variedad del paisaje, así como los detalles de adornos y ropas, que llega a su máxima perfección en los pliegues de las telas, en un alarde de rigurosa técnica. 

1432 – 1433

El hombre del turbante conserva el marco original donde se lee la firma del maestro y la fecha. Algunos críticos sostienen que el personaje del retrato es el suegro de Van Eyck o Van Eyck mismo. Es fundamental, su interés por llegar a reflejar un retrato psicológico, tema que le interesa mucho más que los rasgos fisonómicos. Del mismo año La Virgen con el niño leyendo lleva también la firma y la fecha. La iconografía sigue un tipo de composición bastante corriente donde no faltan cadencias del gótico tardío, que se ponen de manifiesto en el minucioso tratado del baldaquino. Lo sacro aparece aquí en un ambiente de vida cotidiana: en la habitación hay objetos de uso corriente, si bien encarnan una precisa simbología religiosa. La luz que penetra por la ventana presta a la atmósfera un ambiente de gran intimidad, característico de la pintura flamenca, que resalta el sentido personal y privado de la vida. La gran aportación de esta escuela consiste en el empleo de la pintura al óleo. Es cierto que esta técnica se utilizaba en Flandes desde el siglo XIV, pero se desconocía la fórmula para que llegara a secarse de un modo más rápido.

1433 – 1434

El Matrimonio Arnolfini de 1434  constituye el testimonio pictórico del papel social del matrimonio en la sociedad flamenca. Los ricos ornamentos son un símbolo que recuerda la obligación del marido de sostener a la esposa. Los contrayentes se han quitado las sandalias, indicando así que se hallan en un lugar «santo», mientras intercambian sus promesas de matrimonio. Parecen hallarse solos, pero en el espejo que se encuentra detrás de la pareja se pueden descubrir dos testigos. A la derecha del espejo la pequeña escultura de Santa Margarita, protectora del nacimiento, sugiere el papel de la mujer en el matrimonio. Con la mano izquierda la esposa alza sus vestiduras verdes mostrando la túnica azul, símbolo de aceptación. El perro que se halla delante de la pareja representa la fidelidad. La vela del candelabro encendida a plena luz del día es el símbolo de la omnisciente gracia divina.

Las manzanas en la ventana recuerdan la realidad del pecado original y las diez escenas de la Pasión en torno al espejo simbolizan el perdón de este primer pecado de la humanidad a través de la Crucifixión de Cristo. De nuevo el arte flamenco pone de relieve sus sorprendentes dotes de observación de tal modo que reconstruye por los sentidos todo un universo vibrante de vida. 

1434 – 1435

La Anunciación, que los estudiosos sitúan en 1435 se encuentra ambientada, a diferencia de la iconografía habitual, en el interior de un edificio sacro. Junto a los símbolos característicos de la Anunciación, el artista coloca escenas de la antigüedad y signos del zodíaco. Se trata de una simbología muy compleja, común por otra parte a toda la pintura del Renacimiento, donde se representan al mismo tiempo temas sacros y profanos. Se supone que en el mismo año

Van Eyck acabó el Retrato de Juan Arnolfini. Este cuadro fue un encargo del mismo rico mercader, establecido en Flandes. En este momento los italianos dominan el comercio internacional y mantienen intensas relaciones con los Países Bajos.

Aproximadamente en 1435 Jan pinta la Virgen del canciller Rolin. En esta obra el paisaje domina toda la composición. De hecho, el fondo de la atmósfera en que tiene lugar el encuentro místico entre la Virgen y el donante se difumina sobre una ciudad imaginaria donde se puede constatar el interés del pintor por los aconteceres de la vida ciudadana. Para Sterling, Jan Van Eyck «descubre la verdad entrevista por la pintura helenística, pero perdida después, según la cual la sombra está en todas partes, incluso en las claridades, y la luz está en todas partes incluso en las sombras. El espacio es a sus ojos un medio sin límites por el que circulan libremente la sombra y la claridad».

1435 – 1436

La Virgen del canónico Van der Paele terminada en 1436, como consta en la parte inferior derecha del marco, constituye una de las obras más famosas de Jan van Eyck. Ya en el siglo XVI su fama se extendía más allá de las murallas de Brujas e incluso en 1547 María de Hungría intentó sin éxito adquirirla. Por otra parte, Guicciardini habla de ella en su descripción de todos los Países Bajos en 1567. Como en todas las obras del artista el cuidado de los detalles es tan importante como el planteamiento espacial. La escena tiene lugar en una iglesia: a la izquierda San Donaciano, patrono de la iglesia de Brujas, en el centro la Virgen con el Niño, a la derecha el canónigo y San Jorge. El gran realismo descriptivo y la ausencia de toda idealización resultan los componentes característicos de esta obra. Sobre todo en el retrato del canónigo, Jan realiza un verdadero alarde de sus dotes e atento observador. Eso es tan cierto que tras una restauración en 1934 fue posible observar que se habían eliminado dos indicios de la enfermedad que padecía el canónigo y que fueron detalladamente descritos por el autor del cuadro. Intelectuales impregnados de ideas humanistas se entusiasman ante Van Eyck por su fiel representación de la realidad.

1436 – 1437

Por los años 1440 Jan de Leeuw es uno de los plateros más activos en el mercado de los Paises Bajos. En 1444 recibe el nombramiento de decano de la Corporación de Brujas. Su retrato pertenece a la serie de obras que Van Eyck pinta para particulares, es decir para la burguesía comerciante en este momento en pleno auge económico. El trabajo del artista se desarrolla así entre la corte y los ricos ciudadanos. Parece que incluso durante este año enseñó a Renato de Anjou, que se encontraba en prisión, la técnica de la pintura. También al año 1436 corresponden, al parecer, las dos tablas monocromas de la Anunciación Thyssen. El interés de Jan por la monocromía ya utilizada en otras obras va unido aquí a la espectacularidad de la imagen.

La figura, estatua viviente, se halla concebida en un espacio cerrado por una luna que refleja su dorso creando así una ilusión óptica acentuada por el hecho de que la imagen sobresale del marco. Sus cuadros están llenos de símbolos y señales entre los cuales se desenvolvía con soltura el hombre culto del siglo XV. Por eso, sus obras son verdaderos himnos religiosos cargados de fuerza. 

1437 – 1438

Otro ejemplo de estatuas vivientes pintadas monocromamente se encuentra en las antas exteriores del Tríptico de Dresde. La mayor parte de esta obra se halla pintada por ambos lados, lo que ha contribuido a su buena conservación, ya que la madera se encuentra así aislada y protegida de las variaciones hidrotérmicas del ambiente. También en 1437 y a punta de pincel diseña Van Eyck en marrón, sobre una pequeña tabla preparada con yeso, la Santa Bárbara. Esta obra generalmente se ha considerado inacabada, aunque es muy probable que su autor no tuviera intención de dar color. Se apoya esta hipótesis en la firma y la fecha que figuran en el marco original y el hecho de que el colorido del cielo sea probablemente posterior. La composición de la pintura, de gran belleza por su profundidad espacial y su minuciosidad descriptiva, resulta muy interesante por la información técnica que ofrece sobre los edificios del Quattrocento. Junto a la extraordinaria hermosura del paisaje hay que señalar las pequeñas figuras que hacen pensar ya en Brueghel el Viejo y que resultan características de la pintura flamenca con toda su herencia miniaturista de los códices que tuvo tanta trascendencia en la corte de los duques de Borgoña. 

1439 – 1441

El Retrato de Margaretha Van Eyck es la última tabla conocida de Jan, en el caso de que verdaderamente corresponda al año 1439 como figura escrito en el marco. Las obras realizadas después de esta fecha o bien están incompletas o perdidas. En 1441 el artista muere y es sepultado en la iglesia de San Donaciano de Brujas. Junto al importante papel artístico y social de Van Eyck se suele recordar su pericia técnica y con ella la «invención» de la pintura al óleo que se le atribuye. Van Mander, copiando a Vasari, dedica un capítulo entusiasta al tema explicando como Jan llegó a dominar esta técnica. En realidad el proceso que conduce a la pintura al óleo sigue el camino de los intentos de renovación que se llevaron a cabo no sólo por razones técnicas sino también por factores económicos. El óleo permite un tendido del color más uniforme y más «retocable» y una ejecución más rápida puesto que no requiere diversos barnizados. Es decir la personalidad de este artista, incluso desde el punto de vista de las innovaciones técnicas, ha marcado una honda huella en la historia del arte. Jan Van Eyck, verdadero creador junto con su hermano Hubert de la escuela flamenca, ha sabido descubrir con un pincel toda la hermosura de una inmediata realidad.