Jean-Antoine Watteau

1684 – 1697

Watteau es el principal maestro de la pintura francesa de principios del siglo XVIII. Su nombre completo es Jean-Antoine Watteau. Nace en 1684 en Valenciennes, ciudad flamenca conquistada hace unos años por Luis XIV. Entre sus antepasados se cuentan panaderos y pasteleros e incluso se llega a afirmar que su apellido se trata de una deformación de «gateau» o pastel en francés.

En todo caso, su padre es reparador de tejados y carpintero y por lo visto un hombre de mal carácter. Sin embargo sabe leer y escribir y goza de una situación económica relativamente buena. De hecho, se halla inscrito como burgués en el registro civil de Valenciennes. Su mujer, Ilamada Michèle Lardenois, le dará otros tres hijos además de Jean-Antoine. El más pequeño sigue más adelante con el negocio familiar.

Al parecer, Jean-Antoine demuestra muy pronto su gran vocación artística. Ya de niño dedica largos ratos a pintar a sus vecinos y a los soldados y cómicos que pululan por Valenciennes. No se conoce la reacción de sus padres cuando les anuncia su decisión de dedicarse a la pintura, pero probablemente ni les sorprende ni se oponen.

En esta época un pintor es todavía un artesano que se gana la vida de mil maneras pintar cuadros es sólo una de ellas, en general reservada a los más hábiles y a los privilegiados que consiguen un mecenas. Los demás reparten su tiempo entre la decoración de carrozas, la restauración de muñecos o la creación de enseñas.

1698 – 1701

Las fechas que conocemos de la vida de Watteau resultan todas aproximadas. Ni siquiera sus primeros biógrafos, que habían sido amigos suyos y cuyos testimonios son insustituibles las citan con exactitud. Se sabe que cuando Watteau cumple catorce años su padre le coloca como aprendiz en el taller de su conciudadano Jacques-Albert Gérin.

Bajo su dirección Jean-Antoine no aprende más que aspectos y detalles puramente técnicos. También es verdad que Gérin sólo recibe la módica suma de seis libras al año que además el señor Watteau pronto se cansa de pagar. Sin embargo el adolescente tiene a su alcance unos maestros mucho más interesantes. Se trata de los pintores holandeses cuyas obras decoran las iglesias de Valenciennes como Van Dyck, Marten de Vos y sobre todo, Rubens.

Un par de años después de su entrada en el taller, Watteau sueña con trasladarse a París. Antoine Pater, escultor paisano suyo le habla de numerosos pintores procedentes de los países flamencos (no hay que olvidar que Valenciennes lo había sido hasta 1677) que viven por los alrededores de Saint-Germain-des-Prés y forman una comunidad que se esfuerza en ayudar a sus compatriotas recién llegados.

Se sabe por una carta que sus únicas lecturas en este momento el Tratado de pintura de Leonardo da Vinci y las cartas manuscritas de Rubens.

1702 – 1706

Watteau se traslada a París hacia 1702 acompañando a otro pintor de Valenciennes, especialista en «montajes escénicos», que había sido contratado para trabajar en la Opera. Pero su maestro acaba en seguida su encargo y termina por marcharse. Watteau, que no tiene de qué vivir, acude entonces probablemente a los artistas de los que le había hablado Pater. La comunidad de flamencos le consigue trabajo, en el taller de un tal Mettayez y a continuación en el de otro pintor, cuyo nombre se desconoce.

No se puede decir que sea éste el lugar ideal para el temperamento artístico y la capacidad creativa de un Watteau; su nuevo maestro tiene montado un sistema de producción en cadena y así unos discípulos pintan las cabeza, otros los cielos, otros los paños y el resto los toques de luz.

Como Watteau sobresale por su habilidad, se le especializa en la copia de un cuadro de San Nicolás, muy apreciado por el público que frecuenta el taller. El joven pintor lo repite tantas veces que, según sus propias palabras, acaba por aprendérselo de memoria hasta poder repetirlo sin necesidad de modelo. Por todo ello sólo gana tres libras por semana.

Sin embargo en la tienda de láminas de Jean Mariette, el principal editor de grabados de París, conoce al pintor Claude Gillot, que después de contemplar algunos de sus dibujos, le contrata. Gillot no es ningún genio, pero tiene ya cierta categoría y despierta en Watteau la afición, sobre todo por la comedia italiana y la pintura de género. Su colaboración llega desde 1703 hasta 1707.

1707 – 1709

Probablemente también a través de Jean Mariette, Watteau conoce y empieza a trabajar con Claude III Audran, descendiente de una célebre dinastía de artistas, que ostenta el cargo de conservador del Palacio del Luxemburgo. Para Watteau, la colaboración con su nuevo maestro es decisiva.

En primer lugar, Audran se halla tan sobrecargado de encargos que limita su actividad a la elaboración de los proyectos y deja la ejecución de los mismos a sus colaboradores. De este modo, Watteau se ocupa de la decoración de los Castillos de Meudon y de la Muette. Los fondos blancos y dorados sobre los que trabaja Audran y el gusto por la chinoiserie, le obligan a adquirir una gran ligereza de pincelada.

Por otra parte, Watteau puede estudiar a sus anchas los cuadros de Rubens del Palacio de Luxemburgo y pasear tranquilamente por los jardines del palacio, De esta época data su formación como paisajista. Para poder practicar su profesión libremente y sin sufrir las molestias de la vieja corporación de pintores y escultores, no le queda más remedio que ingresar en la Academia Real.

Pero Watteau, admitido a presentarse al concurso para lograr el Prix de Roma, queda detrás de un pintor mediocre. Este, hecho le desanima y aprovechando que acaba de vender un cuadro, El recluta camino del Regimiento, por la fabulosa cantidad de 60 libras, decide volver a Valenciennes.

1710 – 1712

Valenciennes se ha quedado pequeño para Watteau, que sólo permanece en su ciudad natal seis meses. Pronto decide volver a Paris y acepta como discípulo al hijo de Antoine Pater, aquel escultor amigo suyo. A su regreso, se instala en casa de Sirois, el marchante que ha adquirido su Recluta. Este, inteligente y experto, capta rápidamente la calidad de la pintura de su huésped y le compra por adelantado toda su producción durante varios años.

De nuevo, se revela el carácter inquieto e insatisfecho de Watteau que le empuja a una actividad febril en busca de la soñada perfección. Ahora da por finalizada definitivamente su época de aprendizaje bajo la batuta de otros pintores y en este momento inicia su creación independiente.

Se dedica primero a los temas militares pero en seguida se cansa de este género y los sustituye por escenas con personajes del teatro. Su estilo empieza a madurar. A pesar de su primer fracaso y como el único modo de regularizar su situación consiste en obtener el pensionado en Roma, se presenta de nuevo a la Academia de Pintura con su obra Pierrot contento.

Tampoco ahora consigue ir a Italia, pero esta vez es porque los académicos, impresionados por la categoría de sus cuadros, le comunican que será admitido entre ellos en cuanto presente la obra de «recepción». Todo parece ir viento en popa para el pintor de no ser por un problema de salud, ya que han aparecido los primeros síntomas de la tuberculosis que le llevará a la muerte diez años después.

1713 – 1716

Por esta época, Watteau, siempre de casa en casa, acepta la hospitalidad del tesorero del reino, Pierre Crozat, a quien ha conocido poco antes. Crozat procede de una gran familia de financieros cuya fortuna le sitúa entre los personajes más ricos de Francia y es conocido con el nombre de «Crozat el pobre», en parte como ironía y en parte para distinguirlo de su hermano que ha monopolizado el comercio con la Luisiana y cuya riqueza, según dicen casi no tiene límites.

Watteau se instala en primer lugar en la residencia de Crozat en Nogent-sur-Marne, por los alrededores de París y posteriormente en su magnífico «hôtel» de la calle Richelieu. Allí tiene acceso a la soberbia colección de pintura de Crozat y, sobre todo, a su impresionante colección de dibujos, constituida por más de diecinueve mil obras de los maestros europeos de los siglos XVI y XVII.

Pierre Crozat recibe con mucha frecuencia y reúne a su alrededor a un grupo de aficionados al arte que pronto comparten su admiración por Watteau. Entre ellos se encuentra Jean de Julliènne que más tarde será uno de los biógrafos del pintor y que a su muerte publicará una obra con grabados procedentes de los dibujos y cuadros de Watteau.

Ambos llegan a establecer gran amistad. Entre 1712 y 1717, Watteau pinta las Estaciones, Pacto nupcial en el campo, Guitarrista, series de Pierrot con distintas figuras de la Comedia del Arte y la Finette.

1716 – 1717

En 1716 Watteau abandona la casa de Crozat y alquila una habitación, donde convive con Nicolás Wleugels otro pintor del que se hace muy amigo. Su estilo alcanza ahora la plena madurez. Los cuadros adquieren esa impresión de ensueño que los caracteriza y que ha hecho que se califique a Watteau de pintor-poeta.

Sus temas favoritos son los personajes del teatro italiano, las conversaciones galantes y las escenas en el campo. El mundo embrujado de Watteau está formado por parejas de enamorados, por trajes de sedas brillantes, por gestos llenos de viveza, por manos que se crispan en torno a un instrumento. Pero detrás de esa apariencia poética y sonriente, Watteau deja adivinar las torturas secretas del amor, el temor al sufrimiento y el miedo a la muerte.

Cuando Watteau aísla a un actor es para representar un estado del alma. EI Mezetin es el enamorado que canta a su amada, Gilles es el hombre que sueña ensueños frente a la vida, representada por sus amigos actores a los que vuelve la espalda. En sus desnudos, que el pintor destruye poco antes de su muerte, Watteau realiza un retrato de la desnudez femenina lleno de delicadeza y de gracia.

Para Pijoan la pintura de Watteau es un canto a la nostalgia. «Las amplias perspectivas de árboles que se pierden a lo lejos (a veces en una cálida atmósfera de neblinas doradas) su misma insistencia en representar a personajes vueltos de espaldas, son ya como una declaración de anhelos insatisfechos que nunca esperan colmarse».

1717- 1718

Por fin en 1717 y tras cinco años de demora, Watteau realiza la obra que le exige la Academia para ser admitido. El cuadro que ha tardado tanto en presentar es el célebre Embarquement pour Cythère y el título con el que Watteau ingresa es el de «pintor de fiestas galantes».

La obra que lleva a la Academia no es más que el esbozo de un cuadro que se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Berlín. La versión inicial posee una mayor espontaneidad y resulta hondamente sugestiva desde el lejano misterio de los montes velados entre la niebla como si se tratara de un cuadro de Leonardo da Vinci o de Bruegel.

Se ha escrito mucho sobre la interpretación que se puede dar a la escena representada. Hay críticos que sostienen que Watteau describe la salida hacia la isla sin retorno. Otros interpretan la huida hacia el mundo de los enamorados. Por el contrario, algunos afirman que se trata de la vuelta de los enamorados a la vida cotidiana. De hecho el tema parece hallarse inspirado bien en una comedia de Dancourt «Les trois cousines» en el que se cita «venez dans I’le de Cythère» o bien en una comedia musical, La Vénitienne en la que se escucha «Que pour Cythère chacun vienne s’embarquer».

Parece como si por medio de este cuadro Watteau hubiera querido demostrar toda su capacidad como pintor y al mismo tiempo manifestar su personalidad de poeta y creador. De haber sido ése su propósito, debe sentirse satisfecho, porque la pintura es considerada inmediatamente como una obra maestra.

1719 – 1720

En 1719 Watteau ha conseguido la celebridad y trabaja incansable para satisfacer su exigencia de creador. A esta época pertenecen sus obras Los placeres del baile, Fiestas venecianas, La reunión de caza, El amor en el teatro francés, Gilles y El Mezetin.

En este momento con la esperanza de retardar el desarrollo de la tuberculosis se traslada a Londres donde el doctor Mead, vicepresidente de la Royal Society y gran admirador de su pintura, le asegura que puede curarle. En la capital inglesa consigue un éxito indescriptible. Sin embargo, los conocimientos del doctor Mead se revelan inútiles y el clima inglés, empeora su estado.

En los primeros meses de 1720 se entera de la muerte de su padre; desesperanzado, vuelve a París. Allí se instala en la casa de Gersaint, yerno y sucesor de su amigo el marchante Sirois. En agradecimiento a su hospitalidad le pinta un cuadro para su tienda. De este modo realiza otra de sus obras maestras.

En la Enseigne de Gersaint se advierte una vuelta a la precisión y al realismo que Watteau practica en sus principios. La escena representa el interior de una tienda de cuadros y se encuentra llena de vida y de detalles casi anecdóticos. Watteau se divierte colgando de las paredes lienzos al estilo de Rubens, Van Dyck, Antonio Moro, etc. El cuadro que un trabajador embala en una caja es el retrato de Luis XIV probablemente por Rigaud. La obra se realiza en ocho mañanas y actualmente se encuentra en Berlín, en el Palacio de Charlottenburg.

1720 – 1721

A pesar de encontrarse ya en la última fase de su enfermedad, Watteau cambia de nuevo de domicilio, abandona la casa de Gersaint y pinta el Gilles. Cada vez se siente peor. Ya sólo puede trabajar unas horas por la mañana. Sus obras revelan la ansiedad que le consume ante su impotencia física.

En primavera vuelve a cambiar de domicilio. Se instala en una casa que le prestan en Nogent-sur Marne. Allí van a visitarle Gersaint y otros amigos. Aunque cada vez más débil, todavía le quedan energías para pintar un Cristo en la Cruz, destinado al cura del pueblo. Arrepentido, quizás del poco caso que ha hecho a su discípulo Pater, a quien no trata desde hace años, le llama junto a sí para darle unos últimos consejos. En vísperas a su muerte destruye sus cuadros y estudios de desnudos, reparte sus dibujos entre Crozat, Jean de Jullienne, el sacerdote Haranger, Gersaint y Henin y pide que se organice la venta de todo lo que queda.

En julio de 1721 muere entre los brazos de Gersaint. Tras su desaparición, su obra cae durante un largo periodo en el olvido, hasta que el siglo XIX se le redescubre y se le devuelve su puesto entre los grandes pintores de la historia.

Paul Verlaine realiza una hermosa síntesis poética de su obra: «…leur chanson se mêle au clair de lune, au calme clair de lune de Watteau qui fait rêvèr les oiseaux dans les arbres, et sangloter d’extase les jets d’eau, les grands jets d’eau sveltes parmi les marbres».