Marc Chagall

1887 – 1906

Marc Chagall nace en Vitebsk, en la Rusia Blanca, el 7 de julio de 1887 en el seno de una familia judía muy humilde. Su padre trabajaba con un comerciante de arenques y sólo pasados unos años pudo adquirir una casa de piedra y abandonar así la inhóspita morada de madera situada en la periferia de Vitebsk, donde Marc y sus numerosos hermanos vivieron los primeros años de su vida. El sencillo pueblo ruso de la infancia y adolescencia, con sus iglesias, sus casas, sus patios, los techos de madera, los animales, permanecerá para siempre en el recuerdo nostálgico de Chagall, junto a la memoria del pequeño mundo judío: los familiares, los amigos los vecinos. Chagall representa este mágico universo en el cuadro de 1911 titulado Yo y mi pueblo.

Este apego de Chagall a su infancia durante la edad madura, lo explica en las páginas de su obra Mi vida, donde señala: «Me atemorizaba mi mayoría de edad futura» y «desde los trece años cumplidos, mi infancia inconsciente se acabará y todos los pecados caerán sobre mi cabeza.» A pesar de las dificultades impuestas por el régimen al judaísmo, Marc se inscribe en la escuela de lengua rusa y sobre todas las materias prefiere la geometría y el dibujo. Así en 1906 decide estudiar pintura en el taller de Pen, donde se ejercita en paisajes y retratos. Sin embargo, desde sus primeras obras, Chagall se aparta del academicismo de Judah Pen. En estos cuadros, tanto la rapidez de la pincelada como el color comunican la emoción de sus distintos sentimientos.

1907 – 1910

Se advierte ahora en su pintura la deformación expresionista operada en los retratos y paisajes, debido a una personalísima utilización del color. Después de tres meses de aprendizaje, abandona a Pen para trasladarse a San Petersburgo donde se inscribe en la Sociedad Imperial para el Apoyo a las Artes. Aunque se trata de su primera experiencia en la gran ciudad, con frecuencia regresa al pueblo y permanece en estrecho contacto con sus amigos, entre los cuales figura Víctor Mekler, que pertenece a la burguesía y se mueve en un ambiente muy diferente al suyo. Para ganarse la vida trabaja como camarero y pinta carteles publicitarios. En sus memorias se refiere a estas primeras experiencias «Era agradable ver oscilar en el mercado, bajo el dintel de una carnicería o de una frutería mis primeros carteles cerca de los cuales retozaban tiernamente un cerdo una gallina.»

Sin embargo una vez superadas las muchas dificultades que surgen respecto a la concesión del permiso de estancia, tanto por su condición de judío como por su carencia de bienes, Chagall abandona la Sociedad, excesivamente académica, para inscribirse en la escuela de Elisabetta Svanseva. En este momento impulsado por la vivacidad creadora del ambiente que se mueve entre la fuerza imaginativa del simbolismo occidental, pinta un ciclo de obras narrativas donde las personas, las cosas, y el color asumen en la descripción una nueva densidad simbólica. Entre 1909 y los primeros meses del año siguiente tienen lugar dos acontecimientos fundamentales en la vida del pintor: su encuentro con Bella Rosenfeld que será su compañera durante muchos años, y su viaje a París con el escenógrafo Léon Bakst, su maestro.

1910 – 1911

Su maestro Bakst se dirige a París con los ballets de Diaghilev. En esta ocasión Chagall le ruega repetidamente que le permita acompañarle. Sin embargo, las pruebas a las que le someten como condición previa para el deseado viaje, resultan negativas. Un mecenas, Vinava hará posible, a pesar de todo que se realice el sueño del joven Marc. «He traído mis objetos de Rusia; París ha vertido la luz en ellos» afirmará Chagall en su libro de memorias. En París, de hecho, sin renunciar a ninguno de sus temas y recuerdos de judío ruso, el artista libera su propia pintura por medio de la luz y del color. El encuentro con la pintura de Van Gogh, con los fauves, Matisse, Derain, Vlaminck y Rouault, determina el progresivo abandono del dibujo, en favor del color como unico elemento concreto a la hora de pensar en la composición del cuadro y las formas tienden ahora hacia la descomposición.

1912 – 1913

Después de trasladarse a la Ruche, residencia de artistas en Montparnasse, Chagall permanece en estrecho contacto con una serie de poetas como Apollinaire, Cendrars y Canudo. En esta línea y sin dejar que dominen en él las reglas de ningún movimiento, advierte la importancia del análisis cubista. Sin embargo y aun rechazando el realismo de Braque y Picasso, Chagall adquiere una nueva capacidad de descomposición y de construcción unitaria del espacio dentro de una trama geométrica, donde se organizan los sueños y las visiones de la memoria y del inconsciente. El artista define ahora sus imágenes como «construcciones psíquicas». En ellas la compenetración de los diversos planos de color recuerda las composiciones simultáneas de Delaunay. Además de Delaunay, los personajes de este momento son Léger, Metzinger, Marcoussis, y Segonzac. En el cuadro Las bodas queda patente la influencia del ambiente en que se desarrolla la vida del pintor, si bien éste utiliza los recursos técnicos para obtener una mayor claridad.

1914 – 1917

A pesar de sus esfuerzos, Marc Chagall no logra vender más que unas pocas telas en París y acepta la propuesta del comerciante y crítico Walden, que le organiza en la primavera de 1914 una exposición en Berlín. La esposa de Walden le recuerda en aquel momento de este modo: «Marc Chagall era entonces un joven de ojos extraordinariamente claros y cabellos rizados, a quien adoraban sus amigos de París». En el mismo año de la exposición de Berlín, Marc regresa a Rusia, a Vitebsk, donde vuelve a encontrar a Bella, con quien se casa. A pesar de la guerra logra quedarse en San Petersburgo y de este modo puede continuar pintando. Los personajes de su pequeño mundo judío reencontrado, junto con el gozo del amor por Bella, constituyen la temática de muchos de sus cuadros. Al mismo tiempo, sobre todo en gouaches y en xilografías, denuncia los horrores de la guerra. En 1917 en San Petersburgo, Chagall asiste a los acontecimientos revolucionarios.

1918 – 1922

En 1918, Chagall, que nunca ha militado en el movimiento popular ni en las filas bolcheviques, es nombrado Comisario de Bellas Artes y director de la Academia de Vitebsk, donde promueve numerosas actividades culturales. En 1919, con ocasión del aniversario de la revolución, se le encarga la decoración de su ciudad. Los arcos de triunfo, las pancartas gigantes, las banderas, caballos y figuras volantes ideadas por Chagall, dejan perplejos y sorprendidos a los políticos todavía ligados a una concepción tradicional del arte.

Chagall, sin embargo, escribía por entonces: «El arte de hoy como el de mañana no precisa de ningún contenido. El arte realmente proletario será aquel que con sabiduría sencilla sepa romper en el interior y en el exterior con todo lo que se puede designar como simple literatura. El arte proletario no es un arte para proletarios y mucho menos un arte de proletarios… el pintor proletario no deja nunca de luchar contra la rutina. Arrastra la multitud». Por otra parte los ataques del suprematista Malevitch en el interior de la misma Academia, obligan a Chagall a partir hacia Moscú en 1920. Aquí permanece cerca de dos años en estrecha relación con el ambiente teatral. Además de la decoración mural del Teatro judío del Estado, crea escenografías y trajes para los espectáculos. La preocupación económica y el aislamiento cultural le empujan, sin embargo, a partir hacia Alemania en el año 1922.

1923 – 1930

En Berlin, Chagall se detiene poco tiempo. Por una parte es apreciado y admirado por los artistas con los que toma contacto, pero vive sin embargo una relación tensa con Walden director de la revista expresionista Der Sturm y siente inquietud por el clima político alemán. Por tanto, en 1923 decide regresar a París. Los surrealistas tratan por todos los medios de alistarle en sus filas, pero él responde una vez más de modo negativo ya que no puede encerrarse en los límites dogmáticos de un movimiento y un programa. Su pintura, después de ser considerada como «mística» por algunos sectores surrealistas se llena de belleza con las sugerencias luminosas del campo francés.

Una nueva riqueza de variaciones y modulaciones cromáticas acompaña a la primitiva y genuina conciencia de inconsciente, tanto en los ciclos de paisajes y flores como en el nuevo tratamiento de temas rusos y en la serie de pinturas y gouaches del Circo Vollard; amantes, acróbatas y animales son ahora feliz y libremente evocados. Cada día asiste Chagall al circo situándose en un palco del proscenio. El fantástico espectáculo le entusiasma; los payasos se encuentran llenos de vida y de fantasía y los acróbatas en vuelo, como los ángeles, son personajes de su mundo. Su pintura se encuentra así informada por imágenes-vocablos. En estos años, Chagall trabaja en los grabados para Las almas muertas de Gogol y en los gouaches y los aguafuertes destinados a las fábulas de La Fontaine, así como en los grabados para el Antiguo Testamento.

1931 – 1940

El decenio comprendido entre 1930 y 1940 es la época de las grandes composiciones de Chagall, entre las que Destacan composiciones como Dedicado a mi mujer, Acróbatas, Luces de las bodas, En torno a ella, La caída del ángel, o Sueño de una noche de verano. Chagall siente tan profundamente la historia bíblica que se dedicará a la ilustración del Antiguo Testamento durante veinte años. No se puede olvidar que en los acontecimientos y en los personajes bíblicos, Chagall descubre no sólo su propia historia y el pasado de su pueblo, sino también la conciencia de una serie de sufrimientos, peregrinaciones y persecuciones, que continúan en el presente. Al mismo tiempo se dedica con gran entusiasmo al análisis y a la investigación de distintos pintores.

En Holanda en 1932 estudia profundamente a Rembradt y en España dos años después se interesa por las obras de Velázquez, Goya y El Greco. Al mismo tiempo, mientras se desarrolla la guerra civil española pinta el cuadro La Revolución auténtico manifiesto del pacifismo sentimental del pintor. En 1939 recibe con todos los honores el premio Carnegie. Es el momento de los cuadros «embrujados», como fábulas mágicas donde los animales, vegetales, y humanos dejan entrever una atmósfera serena. Sin embargo, en las grandes composiciones profético-visionarias de este decenio, los motivos y símbolos del pintor, se concentran en la angustia de la persecución nazi y en la guerra. Incluso las constantes cromáticas, violentas y cargadas de tensión, acentúan el sentido de destrucción y devastación que invade al artista.

1941 – 1949

El 7 de mayo de 1941. Chagall parte hacia Lisboa y desde allí se dirige rumbo a América llevando consigo gran cantidad de cuadros, dibujos y aguadas. En el nuevo continente el pintor es acogido con gran entusiasmo y admiración. La tristeza de las persecuciones, el recuerdo del temor y la nostalgia le han inspirado ya hermosas obras como La familia de Arlequín, En la noche y La guerra. Con su viaje a Méjico, nuevas emociones y colores remueven su espíritu creador: el espacio cromático y el vigor salvaje e inocente de sus cuadros se ve acompañado por una vuelta a los antiguos temas rusos. Sin embargo, ese recuerdo se encuentra ahora amenazado por serias preocupaciones en relación al futuro de su tierra. En esta atmósfera pinta En el crepúsculo y A mi esposa.

Sin embargo su actividad se interrumpe un año debido a la muerte de Bella. Cuando Chagall reemprende el trabajo, su esposa vuelve a sus cuadros como una evocación del amor y la felicidad perdida. Inmediatamente, tras regresar a Nueva York, le encargan el vestuario y decorados para un ballet sobre los gitanos montado por Aleko con música de Tchaikovsky y coreografía de Leonide Masine. Realiza también decorados y bocetos de vestuario para El pájaro de fuego de Stravinsky introduciendo en la atmósfera de la fábula rusa muchos motivos típicos de su pintura. En sus dos últimos años de permanencia en América, revisa las exposiciones monográficas de su obra en Nueva York y trabaja en las litografías para Las mil y una noches.

1950

De regreso a Francia se establece en Vence en la Provenza y se entrega por completo a la pintura y a la escultura en cerámica y piedra. Con frecuencia cambia impresiones con Matisse y Picasso. En este momento pinta grandes composiciones religiosas sobre temas bíblicos. Entre 1952 y 1955 trabaja en la serie de París, nuevo mito nostálgico revivido en los lugares más queridos. A propósito de ello comenta: «París es un cuadro, un cuadro que ya está pintado; en América, primero hay que pintarlo». Con su segunda esposa Vava viaja a menudo y visita Israel, Grecia, Roma o Nápoles. Sus primeros mosaicos datan de 1957.

En 1958 crea el vestuario para el ballet Dafnis y Cloe de Stravinsky. Al mismo tiempo realiza vidrieras para iglesias y sinagogas o monumentales paneles para el Nuevo Teatro de Nueva York y para la cúpula de la Ópera de París, a los que siguen los que pinta para el Lincoln Center de Nueva York. De nuevo diseña para el teatro, en 1967, el vestuario de La flauta mágica de Mozart. En 1973 Malraux inaugura el museo nacional de Niza que encierra las «obras bíblicas». En esta línea expresa Cassou: «las imágenes de este Mensaje bíblico, tanto por su movimiento, su arrebato su patetismo, la grandeza y el escorzo de sus formas, como por el acento de su colorido, se clasifica en la línea de las creaciones más grandes del genio barroco, y uno no puede menos que pronunciar a propósito de las mismas el gran nombre de Tintoretto», El máximo reconocimiento de su obra tiene lugar en 1977 con una exposición en el Louvre.