Pierre Auguste Renoir

1841 – 1854

Pierre Auguste Renoir nace el 25 de febrero de 1841 en Limoges y es el número cuatro de los cinco hijos de Leonard Renoir, sastre de oficio y de la obrera Marguerite Merlet. Cuando sólo cuenta cuatro años la familia se traslada a París para probar fortuna. Viven en el número 16 de la rue de la Bibliothèque, cerca del Oratorio del Louvre.

Asiste a las clases de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1848 y comienza a sobresalir en dibujo y canto. A causa de las obras emprendidas por el Estado para prolongar la Rue Rivolí, la familia se traslada al número 23 de la Rue d’Argenteuil y cuatro años después se ven obligados a mudarse de nuevo, esta vez a la Rue des Gravillers.

Pierre Auguste ingresa en el taller de porcelanas de los Lévy como aprendiz, progresando rápidamente. Al mismo tiempo, sigue un curso nocturno en la Ecole de Dessin et Arts décoratifs, dirigida por el escultor Callouette, donde traba una amistad definitiva para su vocación con Emile Laporte.

1855 – 1865

Permanece cuatro años en la empresa Lóvy, hasta que el negocio quiebra en 1856, obligando a Renoir a pintar abanicos para poder ganarse la vida. Reproduce en ellos cuadros de Watteau, Lancret, Boucher y Fragonard, y siente una admiración por los dos últimos, que durará toda la vida. Un año después comienza a trabajar en el taller de Gilbert, pintor de temas religiosos y a la vez frecuenta con asiduidad y constancia el Louvre, realizando copias de los grandes maestros clásicos de la belleza femenina. Quizá por ello Renoir ha sido considerado como un «gran pintor del XVIII nacido cien años más tarde».

Por sugerencia de Laporte decide asistir al atelier Gleyre, iniciando allí su carrera de pintor. En este taller, centro de enseñanza artística libre entabla amistad con Claude Monet, Alfred Sisley y Jean Frederic Bazille. Desde 1862 hasta 1864 acude una tarde por semana a la clase de dibujo de la Escuela de Bellas Artes y junto a sus amigos y atraído por el ejemplo de los maestros de Barbizon, se entrega a la pintura al aire libre. En 1804 envía por vez primera una obra al Salon, Esmeralda danzando, de carácter realista a la manera de Courbet, destruida después por él mismo. Más tarde, permanece durante la primavera de 1865 en el bosque de Fontainebleau, en compañía de Monet, Pisarro y Sisley, al que realiza un retrato y satisfecho del resultado se decide a enviar el lienzo al Salón de Mayo. Como se encuentra con serias dificultades económicas comparte el domicilio de Sisley en París. En este mismo año y tras un viaje por el Sena conoce a la que será su modelo favorita hasta 1872, Lise Tréhot.

1866 – 1869

Envía al Salón Paisaje con dos figuras, pero es rechazado al mismo tiempo que una obra de Monet y Cézanne. Sisley se casa y Renoir acepta la cordial hospitalidad de Bazille. En verano se traslada a Marlotte y se hospeda en la fonda de Mère Anthony, donde pinta el primer cuadro de grandes dimensiones. Se trata de su obra En la taberna de Mère Anthony realizada en 1866, verdadero documento en el que se advierte una honda influencia de Courbet y donde aparecen sus amigos Sistey y Le Coeur. Al ser de nuevo rechazado en 1867, protesta junto a sus compañeros y solicita un Salon de Refusés.

Frecuenta el Café Guerbois, donde se reúnen los artistas en torno a Monet y discuten la teoría de la pintura al aire libre y la trasposición de la luz mediante la división de tonos. Su admiración por el maestro resulta patente en Patinadores en el Bois do Boulogne de 1868. De igual forma su vinculación a Monet en estos años es la causa de que sus obras tengan muchos puntos de semejanza, aunque Monet fue siempre esencialmente un paisajista y Renoir en cambio desde sus comienzos no pudo prescindir de la figura.

En 1869 Renoir se traslada a casa de sus padres en Ville-d’Avray, donde no sólo repone sus fuerzas físicas, sino que vuelve bien surtido de alimentos para su amigo Monet, que muere literalmente de hambre en Saint-Michel. Realiza el retrato de su padre y se reúne con Monet en la isla de Croissy para pintar juntos un cabaret flotante de la zona de la Grenouillère, donde asisten los días festivos gran número de visitantes.

1870 – 1874

Prepara Mujer de Argel, donde resulta patente su admiración por Delacroix, y Bañista con un perrito de aguas para el Salón, obras que son aceptadas. Ante la imposibilidad de organizar su propio taller, Bazille le acoge en el suyo, en la rue de Beaux Arts, donde se encuentra el estudio de Fantin-Latour; el 28 de octubre la guerra interrumpe bruscamente toda actividad creadora, separando a Renoir de sus amigos. Bazille muere en la batalla de Beaune-la-Rolande, mientras Renoir es destinado a un regimiento de caballería, sin llegar a entrar en acción. Desmovilizado el 15 de marzo de 1871, regresa a París. Son los agitados días de la Comuna y el «ciudadano Renoir» recibe un salvoconducto que le permite ejercer su profesión públicamente. La vida bohemia resulta doblemente dura en estos años y Renoir trabaja en Argenteuil junto a Monet, donde ambos asisten a las reuniones de Gustave Caillebotte defensor de los impresionistas.

En 1873 termina Jinetes en el Bois de Boulogne, con el propósito de presentarlo al Salón Oficial, pero es rechazado y se expone en los Refusés. El marchante Durand-Ruel se fija en su obra, que aunque todavía muy desigual, comienza a mostrar su propia y singular personalidad. Con Monet, Pisarro, Sisley, Cézanne y Degas, contribuye a la famosa exposición de la galería Nadar, que inaugura el Salón de los Impresionistas. Renoir presenta Segadores, El palco y Bailarina, entre otros cuadros, y a pesar de la irónica acogida de la crítica logra vender tres lienzos, entre ellos su obra maestra, El palco, al marchante père Martin. Poco después, en diciembre, la muerte de su padre en Louveciennes, le produce una honda conmoción.

1875 – 1880

A partir de la guerra, el café Guerbois, centro de reunión de los impresionistas, ha sido sustituido por el de La Nouvelle-Athènes de la plaza Pigalle. Todos ellos, con la esperanza de resolver las graves dificultades económicas que les envuelven, celebran en 1875 una subasta pública en el Hotel Drouot, en la que Renoir participa con quince lienzos. El resultado es desastroso, En ella conoce a Victor Chocquet, funcionario de aduanas y posteriormente coleccionista que le encarga su propio retrato y el de su esposa. En abril de 1876 tiene lugar la segunda Exposición Impresionista en la galería de Durand-Ruel, igualmente mal acogida por la crítica y a la que Renoir acude con lo mejor de su obra: El moulin de la Galette, Primera fiesta, La lectora y el desnudo de Ana.

En 1877 traba amistad con los Charpentier, editores del naturalismo literario de la época. En su casa reciben a los más famosos escritores del momento, como Zola, Maupassant, Flaubert Huysmans, Mallarmé o Edmond de Goncourt. En el Salón de 1879 expone el retrato de Madame Charpentier con sus hijos. En otoño conoce en Chatou a Aline Charigot, que será después su esposa. A principios de 1880 se fractura el brazo derecho y por esta razón aprende a pintar con la mano izquierda. Los encargos de retratos que recibe en estos años aumentan y al menos le ayudan a mantener una cierta estabilidad económica.

En este momento comprueba que en el fondo no sabe «ni pintar ni dibujar» y analizando el arte clásico llega a la conclusión de que al impresionismo le faltan una serie de valores espirituales, unido a una limitación técnica. Este descubrimiento le lleva a afirmar que «una pintura es ante todo un producto de la imaginación del artista y no debe ser nunca una copia».

1881 – 1884

Al cumplir cuarenta años siente deseos de viajar, de descubrir nuevos mundos y de buscar otros horizontes para su arte. Marcha a Normandía y después a Argel, desde donde escribe a madame Charpentier, comunicándole sus gratas impresiones. Recién casado con Aline en 1881, se dirige ahora hacia Italia, visitando Florencia, Venecia y Roma y de este modo tiene la oportunidad de admirar los frescos de Rafael; después recorre Nápoles y Palermo, donde bosqueja un retrato de Richard Wagner en una breve sesión A su vuelta, en 1882, visita a Cézanne en L’Estaque y aprovecha su estancia para pintar algunos paisajes.

En este momento atraviesa un período de indecisión e insatisfacción artística que dura casi dos años desde 1881 hasta 1883 y que le hace dirigir la mirada a los viejos maestros y a poner en tela de juicio las denigradas técnicas impresionistas. Como consecuencia comienza a excluir todo lo que resulta accidental y abandona los efectos atmosféricos en busca de una formulación definida. La precisión del dibujo se advierte ya en Bañista rubia de 1881, un estudio de su mujer pintado en Nápoles, así como en El baile en Bougival, de 1883, y en Los paraguas. Como consecuencia de una enfermedad de su madre se ve obligado a trasladarse continuamente de París a Louveciennes. No participa en el Salón de 1884, pero escribe un texto programático, la Societé des Irregularistes.

1885 – 1890

En marzo de 1885 nace su primer hijo, Pierre, y lleno de alegría le toma como modelo junto a su madre para el bello lienzo Madre y niño, de estilo lineal y relieve más concreto. Comienza a trabajar en las Grandes baigneuses, obra a la que dedica tres años y en la que triunfan plenamente los cánones clásicos. Se inspira para este lienzo en un bajorrelieve de Versalles, obra del siglo XVIl de Françoise Giradon y lo expone junto a otros cuadros en la sexta Exposición Internacional de la Galería de Georges Petit en 1887. En este momento, conoce a Mallarmé, con quien le unirá una gran amistad.

Durand-Ruel organiza en 1888 una Exposición Internacional, en la que junto a obras de Monet, Whistler y Pisarro, figuran diecinueve lienzos del pintor que serán muy elogiados por Gustave Kahn en la Revue independante. Su salud comienza a debilitarse, y sufre en diciembre de 1888 ataques de reumatismo y de parálisis facial. Envía desnudos y retratos a la Libre Esthétique, de Bruselas, en 1890 y se traslada al Château des Brouillards, una de las más sugestivas moradas del artista, situada en Montmartre, cuando todavía era zona campestre. Gracias a la Exposición Impresionista de Nueva York, realizada 1886, que causa sensación en toda Norteamérica y provoca una constante demanda de cuadros, Renoir y sus amigos se ven por fin liberados de sus preocupaciones económicas.

1891 – 1899

Renoir se encuentra ya en plena madurez artística y con frecuencia comienzan a aparecer artículos sobre su obra, como el de André Mellerio en Art dans les deux Mondes y Aurier en Mercure de France. A primeros de mayo de 1892 inaugura una exposición antológica de 110 cuadros en los Salones de Durand-Ruel. En este mismo año realiza, junto al coleccionista Gallimard, un viaje a España, tierra que no encuentra especialmente bella, aunque queda hondamente impresionado por Velázquez y Goya. Visita de igual forma Holanda y posteriormente, junto con su mujer y su hijo, Pont-Aven, donde demuestra su desdén por el sintetismo, estilo en el que indiscutiblemente Paul Gauguin se encuentra en la cabeza.

En septiembre de 1894 nace su segundo hijo, Jean Renoir, que será después un famoso realizador cinematográfico. Para ayudar a Aline en los quehaceres domésticos les acompaña Gabrielle Renard, de dieciséis años, que será su modelo favorita durante los veinte siguientes. El reumatismo no cesa de aquejarle, aunque no se deja traslucir en su pintura, que adquiere nuevas formas. En este momento, conoce al marchante Ambroise Vollard, que más tarde se convertirá en su amigo. Graves ataques de artritis transforman su vida en un martirio físico. Pero a pesar de ello sigue viajando. Atraído por la National Gallery, se traslada a Inglaterra en 1894, donde Turner le decepciona, pero en cambio le deslumbra Lorrain. La vida de familia le proporciona una temática constante que plasma en sus cuadros con singular belleza, como en La familia del pintor que pinta en 1896 o el retrato de Pierre y el de Jean vestido de Pierrot realizado en 1898 a la manera de Watteau.

1900 – 1909

En busca de un clima cálido que o afectara a su reumatismo Renoir se establece en Provenza en 1903, en la finca de las Collettes, famosa por sus olivos milenarios. La felicidad familiar que goza en este idílico escenario sólo se rompe por el tormento de su dolencia, que va deformándole las manos. En 1901 nace su tercer hijo, Claude, Ilamado Coco, que le llena de vida y de esperanza proporcionándole nuevo impulso en su actividad artística. Su exposición individual en Durand-Ruel en 1902 obtiene gran éxito y se entrega al trabajo con redoblado esfuerzo y entusiasmo a pesar de que su salud se va agotando por momentos, como lo demuestra su extraordinaria delgadez.

En 1904 sufre una dura recaída que le impide permanecer sentado mucho rato. Inicia en verano unas curas termales volviendo después a su aislado mundo, donde se dedica cada vez más al cultivo de la figura. Comienza entonces su última época llamada «roja», por ser este el color dominante con el que bosqueja el planteamiento compositivo.

Durante este período, realiza también sus experiencias escultóricas. A pesar de sus graves dolencias emprende con ilusión esta nueva aventura. En 1907 realiza un busto de su hijo Claude y para poder continuar solicita la ayuda del escultor Guino, que sigue puntualmente sus indicaciones de modo que la Venus o El juicio de Paris constituyen una realización escultórica de sus pinturas. Para su ejecución cuenta con dos artesanos a los que dirige sirviéndose de una larga vara.

1910 – 1919

En 1910 es intervenido en las articulaciones de las rodillas, de un pie y de una mano, y a partir de este momento se ve obligado a utilizar una silla de ruedas. Dos años después llega a permanecer una temporada totalmente inválido sin poder realizar ninguna actividad creadora, hecho que le sume en un profundo abatimiento. Pero la parálisis cede parcialmente y con esparadrapo le pegan el pincel a la mano deforme, volviendo así al doloroso trabajo. Sus cuadros alcanzan elevados precios al final de su vida y se publican constantes artículos sobre su obra.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Pierre, de 29 años, y Jean de 21, son llamados a filas y Renoir se enfrenta de nuevo al dolor. Su esposa muere en junio de 1915 y a pesar de sentirse solo y viejo, continúa pintando en una etapa final verdaderamente prodigiosa. Como reconocimiento a su gran talento artístico, en agosto de 1919, tras ser adquirido el retrato de Madame Charpentier por el Louvre, Renoir visita el Museo en su silla de ruedas.

En otoño vuelve a Les Collettes, donde enferma de neumonía, y muere a la edad de 78 años de un modo conmovedor, justo cuando acababa de terminar un cuadro de una naturaleza muerta con manzanas, y después de pedir un lápiz para seguir dibujando. Y así este hombre inválido que no se deja nunca doblegar por el dolor y proclama retadoramente que la pintura ha de ser «jolie» y la misión del pintor captar la belleza de la vida, deja constancia con su sufrimiento personal de una de las realizaciones más hermosas de la historia del arte.