Rafael Sanzio

1483 – 1500

Rafael, hijo de Giovanni Santi pintor en la corte de Urbino y de su esposa Magia, nace en Urbino. La fecha de su nacimiento se sitúa en el año 1483. Según Vasari, Rafael nació y murió en un Viernes Santo, en cuyo caso el día exacto de su nacimiento sería el 26 de marzo del mencionado año. Bembo, sin embargo, señala en el epitafio, el 6 de abril como fecha más aproximada y ésta parece la hipótesis más probable. Vasari busca la manera de hacer coincidir la hora en que Rafael vino al mundo con aquella en que murió. Esto indica que ya durante su vida, sus contemporáneos elaboran una leyenda en torno al artista, que será tal vez una de las figuras más admiradas de todos los tiempos.

En el año 1491 muere su madre y Giovanni Santi se casa de nuevo, pero Rafael no conseguirá nunca tener buenas relaciones con su madrastra. Tres años más tarde muere Giovanni Santi cuando su hijo tiene sólo once años. El 10 de diciembre de 1500, recibe Rafael el encargo de pintar el Retablo del beato Nicola da Tolentino, junto con Evangelista de Pian di Meleto. El nombre del jovencísimo Rafael va siempre acompañado con la calificación de magister y precede claramente al de su compañero de mayor edad. Cuando Rafael tiene dieciséis años comienza a trabajar al lado de Perugino en Urbino y permanece junto a él hasta que cumple veintiún años. Las primeras obras encajan perfectamente en el marco cuatrocentista, bien por la influencia de Perugino o por el contacto con la naturaleza de Umbría. Sus composiciones poseen ya una delicada simetría y una sorprendente belleza llena de equilibrio.

1501 – 1503

El 13 de septiembre de 1501 se encuentra ya terminado el Retablo del beato Nicola da Tolentino. A este período pertenecen también la Madonna Solly y la Virgen con el niño y los santos Guillermo y Francisco. Por entonces el interés pictórico de Rafael se centra en la obra de su maestro Perugino, así como en la actividad de Pinturicchio. La influencia de Pietro Perugino domina en la pintura de San Sebastián, mientras que en la Resurrección se advierte claramente las huellas de Pinturicchio. En 1502 la familia Oddi le encomienda el retablo de la Coronación de la Virgen para la iglesia de San Francisco en Perusa. La tabla central representa la Coronación de la Virgen y en la predela se distinguen tres escenas: la Anunciación, la Adoración de los Magos y la Circuncisión que se asemejan al retablo de Perugino de Santa María la Nueva de Fano.

En 1503 realiza la Crucifixión Mond para la Città de Castello. El atractivo de esta obra es tan semejante al que poseen las obras de Perugino que Vasari señala: «si no estuviera su nombre escrito allí, nadie creería que es obra de Rafael, sino más bien de Pietro». Como Perugino, Rafael dedica especial atención a los paisajes abiertos donde resalta la belleza de los árboles en un equilibrio de armónica simetría. Todas las composiciones respiran una serena belleza que se refleja en los redondos rostros soñadores y en la minuciosa elaboración de los fondos donde cuida los detalles con exquisita delicadeza.

1504 – 1506

Comienza en este momento su etapa de Florencia. Después de su traslado a esta ciudad en 1504 pinta Los Desposorios de la Virgen, obra realizada por encargo de la familia Albizzini para la iglesia de San Francisco en la Città di Castello. El esquema de composición está tomado de Perugino, sobre todo de su obra La entrega de las llaves, pero la estructura espacial propuesta se acerca más a las investigaciones sobre arquitectura llevadas a cabo durante estos años por Bramante y Leonardo da Vinci. Inmediatamente después de su llegada a Florencia, Rafael pinta una serie de Madonnas con el Niño, entre las que cabe destacar debido a la belleza equilibrada y serena de la composición la Madonna del Gran Duque, donde se aprecia la influencia de Leonardo da Vinci.

A este mismo período pertenecen El sueño del caballero, Las tres gracias, el Retablo de Colonna y el Retablo Ansidei, obras comenzadas probablemente antes de su traslado a Florencia. Pinta también por entonces San Jorge y el dragón, La dama y el unicornio, y los retratos de Agnolo y Magdalena Doni. En este último reproduce el esquema de La Gioconda, pero si para Leonardo da Vinci, la relación entre figura y espacio viene expresada a través de la vibración luminosa de la atmósfera, para Rafael se basa en la medida y la proporción, obtenidas por medio de la utilización de formas ovoides como si se tratara de un módulo arquitectónico.

1506 – 1507

A este período pertenecen algunas investigaciones sobre un esquema compositivo piramidal, como se observa en la Madonna Esterhazy y La bella jardinera. Lo mismo sucede con la Madonna del jilguero, donde Rafael tiende a sintetizar la composición del cartón de Leonardo da Vinci, la Madonna con Santa Ana y la Madonna de Bruges de Miguel Angel. De 1507 data El Santo Entierro, realizado por encargo de Atalanta Baglioni en memoria de su hijo asesinado a raíz de una venganza de familia. El cuadro, en el que se contempla el descendimiento de Jesús de la Cruz y la Virgen desmayada, mantiene la expresión dinámica y la vigorosa fuerza del lenguaje de Miguel Angel, El Cristo muerto deriva de La Piedad mientras que las mujeres que sostienen a la Virgen, del Tondo Doni. A esta misma época corresponden las obras La Sagrada Familia Canigiani, La Muda y Santa Catalina de Alejandría.

Un poco antes de su traslado a Roma pinta el fresco de La Trinidad y los Santos de la iglesia del Monasterio de San Severo de Perusa, iniciado probablemente en el año 1505. Sin embargo, a pesar de la admiración que siente Rafael hacia la pintura de Miguel Angel se aprecia durante su estancia en Florencia el influjo de Leonardo da Vinci. También corresponde al año 1507 la Sagrada Familia del Cordero, actualmente en el Museo del Prado, donde se observa la preocupación constante de Rafael por agrupar las figuras.

1508 – 1511

Rafael viaja a Roma a finales del año 1508 provisto de una carta de recomendación para el Papa Julio Il que espera su llegada. Se trata del resultado de una sugerencia hecha al Papa por Bramante, sin duda para disminuir de algún modo la creciente influencia de Miguel Angel. El primer encargo que recibe Rafael en Roma es ya de gran importancia. Se trata de la decoración de los aposentos del Papa en el Vaticano. Rafael comienza entonces a trabajar en la Stanza della Segnatura, que decora con la exaltación de las ideas de la Verdad, el Bien y la Belleza expresadas mediante la Teología, la Filosofía, la Justicia y la Poesía.

Desde 1508 hasta 1511 el joven Rafael que solo cuenta veintiséis años expresa aquí cuatro alegorías: Disputa del Sacramento, La Escuela de Atenas, El Parnaso y Gregorio IX y Justiniano. La bóveda se halla pintada a base de cornisas que la dividen en trece secciones. En los ángulos se hallan representados Adán y Eva, el Juicio de Salomón, la Astronomía y Apolo y Marsias. Toda la decoración guarda una estrecha relación temática. Aquí verdaderamente es donde Rafael manifiesta sus brillantes dotes como pintor de género histórico, capaz de captar y sintetizar en un detalle todo el orden universal al mismo tiempo que contempla la vida humana encuadrada en una armonía perfecta, y descubre nuevos caminos en el campo intelectual hasta llegar a identificarse con el sentimiento popular.

1511 – 1514

Rafael, en la villa de Agostino Chigi, pinta el fresco que representa el Triunfo de Galatea sobre el cual escribe a Castiglione: «Para pintar a una mujer bella, necesitaría ver más mujeres bellas, con la condición de que Vuestra Señoría estuviera a mi lado para escoger a la mejor. Pero habiendo carestía tanto de buen juicio como de hermosas mujeres, yo me sirvo de cierta idea que me viene a la mente». La finalidad del arte es por lo tanto la búsqueda de lo «bello», pero Rafael es consciente de que esta fórmula ya no es compatible con el método clásico consistente en reunir en una sola figura todos los hermosos elementos que conforman la belleza del ser humano. Se inclina más bien a seguir la estética neoplatónica, de tal modo que ateniéndose a una «idea», el arte es considerado como un hecho mental.

Mientras tanto el Papa le encarga la decoración de la Stanza de Heliodoro. Aquí pinta al fresco los pasajes de Heliodoro expulsado del templo, La Misa de Bolsena, La liberación de San Pedro y el Encuentro de León I y Atila, todos ellos elaborados con un riguroso sentido histórico. Mientras realiza esta serie muere el Papa Julio Il y le sustituye León X. El interés del artista se cifra ahora en el color, probablemente a causa de la influencia ejercida por los venecianos. De hecho, Lotto se halla en Roma en el año 1509 y Sebastiano del Piombo en 1511. En este sentido y junto a la experimentación cromática se descubren nuevos estudios en torno a los efectos de luz como se puede comprobar en La liberación de San Pedro. A este momento pertenecen La Madonna de Alba, la Madonna de Foligno, el Retrato de Julio IIl y la Madonna Sixtina.

1514 – 1515

A partir del año 1514 el interés de Rafael se centra en la pintura al fresco. Continúa en este momento pintando los retablos de altar que renueva completamente con la Santa Cecilia y los cartones para los tapices de la capilla Sixtina. De igual modo se siente interesado por los temas arquitectónicos. Es nombrado provisionalmente arquitecto de San Pedro como asistente de Bramante y a su muerte le sucede en la orientación de las obras.

En agosto del año 1515 se convierte en conservador de las antigüedades romanas. A este mismo período corresponden la Virgen de la silla y el Retrato de Fedra Inghirami. En la Virgen de la silla desaparece todo recuerdo de la pintura de Perugino y a pesar de que la forma circular del cuadro le obliga a forzar algunas posturas no cabe duda que se trata de una obra de gran belleza que se puede equiparar a la Madonna Sixtina. Hacia finales de año Rafael se encuentra probablemente en Florencia para participar en el concurso con objeto de proyectar la fachada de San Lorenzo.

1515 – 1516

Reynolds cita a Rafael como el prototipo del artista que no se deja llevar tan solo por la fuerza de la inspiración, sino que llega a descubrir su propio estilo a base de mucho estudio y dedicación personal, siguiendo las huellas de los grandes maestros y conservando al mismo tiempo una gran originalidad. Para Argan «la pintura de Rafael no ofrece un concepto nuevo del hombre y del mundo, pero representa definitivamente una cultura, la expresión perfecta de una sociedad que cree haber alcanzado su equilibrio y fijado sus valores».

En este momento Rafael proyecta el palacio Branconio dell’ Aquila destruido en el siglo XVII para edificar en su lugar la columnata de Bernini y la capilla Chigi en Santa María del Popolo. Para la capilla Chigi elabora incluso los dibujos de los mosaicos realizados después por De Pace y los dibujos para el Jonás esculpido en mármol por Lorenzetto. También se tiene noticia de un niño modelado en barro por Rafael, siempre a lo largo de 1516, y esculpido en mármol por Pietro de Ancona. En este momento empieza la decoración de las logias vaticanas. En la tercera estancia vaticana entre 1514 y 1517, Rafael pinta el Incendio del Borgo, donde ya se descubre su interés por el movimiento y la acción. Al mismo tiempo pinta el retrato de mujer conocido como La Donna Velata, y que durante mucho tiempo se consideró como un retrato de la Fornarina.

1517 – 1518

En 1517 el cardenal Julio de Médici encarga a Rafael, para la catedral de Narbona, la Transfiguración. Su actividad cada vez resulta más amplia. Por una parte estudia con Antorio de Sangallo el Joven, una serie de proyectos urbanísticos para Roma. Por otro lado, dirige los trabajos de construcción de la Basílica de San Pedro y en su proyecto vuelve a una planta longitudinal rompiendo el equilibrio de la planta central en que se basaba el anterior proyecto de Bramante. De este modo, trata de conseguir un efecto de fuga o de ilusión de perspectiva, como observa Argan, que recuerda a la de Heliodoro pero interesándose más a fondo en la profunda descripción del entorno. De él más aún que de Bramante, arranca ese nuevo afán de perfección en los detalles formales, que dará origen a las obras más sugestivas del manierismo.

Para los críticos del siglo XVIII, Rafael constituye un claro testimonio de la belleza natural, mientras Miguel Angel lo es de la belleza sublime, también considerada como belleza moral. Entre los retratos pintados por Rafael destaca el del Cardenal del Museo del Prado, que según parece corresponde al año 1518, cuadro lleno de vida y de fuerza. Sin embargo, el retrato más admirado del artista es sin duda el de León X, pintado en estos años y en el cual aparece el pontífice entre sus dos sobrinos, Julio de Médici y Luis de Rossi. Sus contemporáneos ya lo consideraron como una verdadera obra maestra.

1519 – 1520

En los últimos años de su vida, el artista lleva a cabo La Visión de Ezequiel. Rafael traza, siguiendo el encargo del pontífice, un plano de Roma en el momento de su máximo esplendor, que se queda inacabado debido a su temprana muerte que tiene lugar el 6 de abril de 1520 a los 37 años. «Mientras tú, con tu admirable ingenio, recomponías Roma y restituías la vida a la antigua gloria, el cadáver de la urbe, lacerado por el hierro, el fuego y el tiempo… la muerte sintió envidia de que tú fueses capaz de devolver el alma a los ya extinguidos y de que renovaras, despreciando las leyes del destino, cuanto poco a poco había sido destruido por ella» (Castiglione).

Singulares circunstancias como la coincidencia de la fecha de la muerte e incluso de la hora, con aquella del nacimiento o la amenaza de ruina del Palacio Vaticano, contribuyen también a crear una romántica aureola en torno a su figura. El artista es sepultado en el Panteón, en Roma y las últimas palabras de Bembo le acompañan en la eternidad: «Aquí yace Rafael cuando vivía, la naturaleza temía ser vencida por él; ahora que ha muerto, teme morir.» Por otra parte, esa fe en el carácter universal de la experiencia impulsó a Rafael a implantar sus investigaciones en el campo de la pintura en otras artes como la arquitectura. Para Mateo Gómez si se tiene en cuenta que Rafael sólo trabajó en su juventud «no parece aventurado asegurar que, con una vida más dilatada, hubiera dejado a la posteridad una obra quizá insuperable en todos los aspectos del arte pictórico».