Sandro Botticelli

1445 – 1463

Sandro Botticelli, hijo de Mariano Filipepi, dueño de una fábrica de curtidos, nace en Borgo Ognissanti, Florencia, el 1 de marzo de 1445. Filipepi y su mujer Smeralda viven en la calle Nuova, justo al lado de la casa de los Vespucci. El origen del apodo es muy discutido. Vasari afirma que su padre «lo colocó con el platero de un compañero suyo llamado Botticello, pero no existen datos sobre la existencia de ningún platero de este nombre. Támbién podría proceder de su hermano mayor, Juan, gordo hasta el punto que se le aplicaba el mote de botticella» (cubeta).

De hecho, el pequeño Sandro era el menor de cuatro hermanos y se llevaba veinticinco años de diferencia con Juan, que llegó a adoptarle. Una declaración llevada a cabo por Filipepi a los oficiales del catastro en 1458 nos informa que su hijo Sandro tiene 13 años y en ese momento se halla enfermo en la cama. Nadie podía imaginar que este niño se iba a convertir en una de las figuras más representativas del primer Renacimiento italiano.

1464 – 1470

Botticelli entra en el taller de Fray Filippo Lippi, y permanece allí al menos hasta 1467. Precisamente una serie de reproducciones de Madonnas de Filippo Lippi constituye la obra más antigua de Sandro Botticelli. En 1467 Lippi se traslada a Spoleto dejando probablemente a Sandro en su taller. Consideraciones estilísticas apuntan como válida la hipótesis de que entre 1468 y 1469 frecuentase el taller de Verrocchio. Una declaración en el registro de bienes del padre de Sandro realizada en 1469 nos informa que éste trabaja en casa.

Pero a partir de 1470 Botticelli tiene ya taller propio en Florencia. De este mismo año data la primera obra oficial documentada. Por encargo de Soderini, hombre de los Médicis, realiza La Fortaleza, una de las Virtudes para la sede del Tribunal del Arte de Mercadería. A la vez se le encarga otro cuadro que no llega a realizar, probablemente por las quejas de Piero de Pollaiolo al que habían sido encomendadas todas las Virtudes. Muy pronto los Médicis, le toman bajo su protección, y Botticelli cumple sus encargos, algunos de ellos muy personales. Por ejemplo, el cuadro Marte dormido y Venus representan dos retratos. Uno de ellos es Juliano de Médici asesinado después en la conjura de los Pazzi y la Venus es Simonetta Vespucci, una bella joven que murió a los veinticinco años y cuyo entierro se convierte en un duelo nacional.

1471 – 1476

Durante estos años pinta la Madonna de la Eucaristía, algunas Adoraciones de los magos, las historias de Judit y Holofernes y el Retrato de un hombre con medalla. El 20 de enero de 1474, con ocasión de la fiesta de San Sebastián, se coloca en la nave de Santa María la Mayor de Florencia su San Sebastián. Sin embargo, sus obras de juventud todavía no han alcanzado toda su fuerza lírica y la sensibilidad que le caracterizan. Esta resulta una composición excesivamente rígida. El 24 del mismo mes le convocan en Pisa para realizar los frescos del cementerio, que luego no llega a pintar.

En 1475, en la plaza de la Santa Cruz, tiene lugar un torneo en el que el vencedor, Juliano de Médicis, participa llevando un estandarte con una imagen de Palas pintada por Botticelli. Es el momento en que en Florencia el gremio artesanal, sobre todo el de la hilatura, se encuentra en crisis, mientras que por otra parte tiene lugar un desarrollo excepcional del artesanado de alta calidad como la orfebrería y los muebles y tejidos de lujo. Los artistas, que ya desde hacía tiempo se diferenciaban perfectamente de los artesanos, asumen ahora su dirección. Aportan de este modo ideas y diseños a los orfebres, tejedores e incrustadores. El mismo Botticelli en 1476 diseña los cartones para las taraceas del estudio de Federico de Montefeltro del palacio ducal de Urbino.

1477 – 1480

A estos años pertenecen el Pesebre de Santa María Novella, el Círculo Raczinky y la pintura más famosa de Sandro, La Primavera. Giorgio Vasari, que la vio junto al Nacimiento de Venus en la villa medicea de Castello, la describe como: «Venus a quien las Gracias hacen florecer como consecuencia de la primavera». Está claro que un punto de referencia fundamental es el Poliziano de Stanze per la Giostra (Lugares de torneo), dedicados al torneo de 1475 en el que había participado el mismo Lorenzo con el emblema: «Le temps revient», es decir la primavera. «Céfiro el prado de rocío baña salpicándolo de mil vagos olores: /por todas partes hace volar el campo vestiduras/de rosas, lirios, violetas y flores/la yerba de su belleza se sorprende/blanca, celeste, pálida y bermeja.

El tema del cuadro es el de la Venus-Humanitas que representa la armonía y la unión de naturaleza y civilización, y toda la escena representa el hecho de que la belleza nace en el momento en que la naturaleza se reviste de cultura. Esta composición constituye un bellísimo canto lírico. Bajo un techo de naranjos y sobre una alfombra de hierba y flores cuajada de luces, Juliano de Médicis, vestido de Mercurio coge una fruta que entregará a una de las tres Gracias. La Naturaleza permanece al fondo, mientras la Primavera llena el mundo de colores. En 1478 pinta en la puerta de la Aduana a los conjurados que habían dado muerte a Juliano, encerrados en 1494 tras la fuga de Piero de Médicis. En 1480, por encargo de Vespucci, realiza en Ognissanti el fresco de San Agustin en competencia con el San Jerónimo de Ghirlandaio.

1481 – 1482

En 1481 Sixto IV llama a Botticelli y a otros pintores florentinos a Roma. La presencia de estos artistas sella la paz entre Lorenzo y Sixto tras las tensiones subsiguientes a la conjuración de los Pazzi. El 27 de octubre se cierra un contrato según el cual Cosimo Rosselli, Ghirlandaio, Perugino y Botticelli se comprometen a realizar los frescos de la Sixtina para el 15 de marzo de 1482. A continuación se añaden otros pintores: Signorelli, Pinturicchio y Piero di Cosimo. A Boticelli le corresponde el segundo y quinto panel de la pared izquierda y el segundo panel de la pared derecha, donde pinta las Pruebas de Moisés las Pruebas de Cristo y el Castigo de los rebeldes, así como una serie importante de figuras de papas entre los arcos de las ventanas.

Además, segun Vasari, Sandro se ocupa de la dirección de los trabajos: «El papa Sixto IV, habiendo hecho construir la capilla del palacio de Roma queriendo pintarla, ordenó que él dirigiera los trabajos. » Toda esta ingente labor debía concluirse finalmente para septiembre. Sixto IV aprueba su trabajo a pesar de que las composiciones carecen de unidad. La vista se pierde entre las escenas donde se agrupan los personajes en confusa mezcla. Los bellos rostros de las muchachas, el alado movimiento de los cuerpos proporcionan al conjunto cierto aire paganizado. A la etapa romana pertenece también la Adoración de los Magos de Washington que el Anónimo Gaddiano define como «…la más bella obra jamás realizada».

1483 – 1485

Botticelli realiza en 1483 por encargo de Lorenzo el Magnífico, cuatro paneles con episodios de la historia de Nastagio degll onosti, según una narración de Boccaccio de la novela octava del Decamerón. De este mismo año son la Palas domando al Centauro, Venus y Marte, la Madonna del Libro y la Madonna del Magnificat. Este es un bellísimo cuadro que constituye una verdadera obra maestra. Se trata de una composición equilibrada y llena de armonía y se puede considerar como lo mejor de su obra religiosa. Sin duda es el momento más «clásico» de Sandro, probablemente debido a su reciente estancia en Roma. La plasticidad es mayor y el ritmo sosegado y continuo constituye una permanente referencia al arte antiguo.

Inmediatamente después de su regreso a Florencia, Botticelli realiza una de sus mejores obras: El nacimiento de Venus. Como de costumbre el elemento esencial de la composición es la línea, una línea que no define espacio alguno, sino que ayuda a las figuras a emerger a la superficie. Aunque en este cuadro se acentúa el valor espiritual más que el mundano, al contrario que en la Primavera, las referencias culturales son las mismas: Ficino y Poliziano, que en las Estancias describe así el nacimiento de Venus: «Una doncella de rostro no humano/empujada por céfiros a la orilla/sobre una concha se desliza/como si fuera amada por el cielo». La Madonna, encargo de Agnolo Bardi para su capilla del Santo Spirito en Florencia, es del año 1485. El marco fue realizado por Juliano da Sangallo.

1486 – 1492

De 1487 es la pintura en forma circular para la sala de la Audiencia de la Magistratura de los Tesoreros del Palazzo Vecchio (Madonna de la granada). Entre 1488 y 1490 Sandro pinta La Anunciación para la Iglesia de Santa María Magdalena de Pazzi. Un año más tarde le convocan junto a Lorenzo di Credi, Ghirlandaio, Perugino y Alessio Baldovinetti como jurado en el concurso de proyectos para la fachada de la Catedral de Florencia. Poco después le encargan decorar con mosaico parte de la cúpula de la capilla de San Zenobio con Gherardo y Monte di Giovanni. Botticelli dejará inacabado este trabajo que terminarán Ghirlandaio y Monte di Giovanni. Otras obras de este período son el Retablo de San Bernabé, el Retablo para San Marcos y La coronación de la Virgen, obras herméticas, severas, donde encontramos los primeros indicios de la crisis religiosa de Sandro. Evidentemente su transformación espiritual se debió en parte a la predicación de Savonarola, pero en todo caso hubiera llegado a ser la conclusión inevitable de su evolución intelectual.

El interés religioso del último período de Botticelli es fruto de una reflexión interior, como lo demuestra el hecho de que se produzca antes del estallido del conflicto entre Savonarola y los Médicis. Este dominico fue prior del convento de San Marcos, que había decorado Fray Angélico con hermosas pinturas, y dedicó toda su brillante oratoria a condenar y fustigar los excesos del paganismo renacentista. Muy pronto la ciudad se dividió entre los apasionados defensores de sus teorías y los enemigos acérrimos. Mientras tanto, Botticelli sufre una profunda renovación interior en su espíritu que le impulsa a cambiar de vida.

1493 – 1495

Durante este período Botticelli pinta la Virgen con el Niño y San Juan, San Agustín, el que se encuentra en los Uffizi, La comunión de San Jerónimo, La Virgen del Palio y La Calumnia, realizada sin duda tras el aguijón de calumnias lanzadas contra el mismo Sandro. Botticelli siente una especial atracción por las fuentes literarias y las alegorías. Se trata de un texto griego de Luciano. En un trono se encuentra el rey Midas y a su lado le soplan dos mujeres la calumnia al oído. A un lado, la Verdad implora ayuda de lo alto mientras la víctima es arrastrada por el suelo.

En 1495 la esposa de Pierfrancesco de Médicis le escribe comunicándole que le esperan en la villa de Trebbio «para pintar ciertas cosas para Lorenzo». En estos mismos años Lorenzo de Pierfrancesco encarga al pintor las ilustraciones para la Divina Comedia de Dante. Aquí Sandro llega a alcanzar su ideal consistente en un arte basado exclusivamente en el valor del trazo, ya que al desaparecer el color sólo el tratamiento de línea define la composición.

1496 – 1503

Corresponden a este período la Piedad de Mónaco y la de Milán, la Historia de San Zenobio, Judit con la cabeza de Holofernes y las Historias de mujeres ilustres. En el año 1500 pinta dos versiones del Santo Entierro, donde aparece ya el dolor con toda su crudeza y su dramática realidad. Han desaparecido ya de su universo las radiantes y despreocupadas escenas del brillante mundo renacentista. En enero de 1501 termina la Natividad mística, única obra fechada y firmada de Botticelli, acompañada de una apocalíptica nota donde se refiere a los sucesos contemporáneos, si bien resulta problemático señalar con precisión a qué acontecimientos se refiere.

«Esta pintura, de finales de 1500, durante las revueltas de Italia, yo, Alejandro, la pinté en el tiempo intermedio después del tiempo, según el XI de San Juan en el segundo dolor del Apocalipsis, en la liberación de tres años y medio del diablo luego será encadenado en el Xll y lo veremos caído como en la presente pintura.» Es cierto que el tono de estas palabras y las mismas imágenes se hallan unidas a la visión profética de Savonarola. Se trata de una obra conmovedora, una composición cargada de poesía y ternura y aunque pintada en su vejez posee una alegría propia de los primeros años de la vida.

1504 – 1510

Sabemos poco de la actividad de Sandro durante el primer decenio del siglo XV. Son los años en que se hallan en Florencia los tres genios del siglo: Leonardo, Miguel Angel y Rafael. En enero de 1504 Botticelli forma parte de la comisión encargada de designar el lugar de colocación del David de Miguel Angel. Sandro se aísla rechazando cada vez más todo lo que parecía un progreso del arte. Precisamente él, que había sido el ilustrador de los mitos paganos de más renombre deja a un lado la renacida mitología clásica. Incluso abandona el tema de la perspectiva cuando había sido citado por Luca Pacioli como maestro de esta ciencia.

Sus últimas obras, de encendida espiritualidad están pintadas de un modo voluntariamente arcaico, sin respeto por las proporciones. Pertenecen a este período Historias de la Magdalena, La oración en el huerto y La crucifixión simbólica. El cuadro La oración en el huerto, de la Capilla Real de Granada, lo adquirió la reina Isabel la Católica dándose cuenta de la talla artística de su autor. El 17 de mayo de 1510 Sandro Botticelli fue enterrado en Ognissanti. Con él desaparece un artista que supo plasmar en su pintura el ideal de belleza del Quattrocento y un hombre que refleja en su persona las hondas emociones y contradicciones de su tiempo.